PASOLINI Pier Paolo (1922-1977)

Uccellacci e uccellini (Pajaricos y pajarracos) (1966: 9.5)

Chaplinianamente, Totò y Ninetto Davoli caminan por un polvoriento camino en compañía de un cuervo. Años sesenta, y la respuesta está en el viento. Un cuervo que habla. Un cuervo de izquierdas llamado Ideología. Se lo terminarán zampando: Davoli y Totò, como otros muchos, tienen más hambre que vergüenza.

Vista desde cualquier punto de vista, Pajaricos y pajarracos me emociona, me hostiga y me llega adentro. Y me divierte. Contiene dosis de locura y enigma, subversión y absurdo, vitalidad y crítica. Jugueteo y reflexión. Y libertad.

-Vista desde cualquier punto de vista, por ejemplo éste: percibo (junio de 2011) ya un desencanto de las causas e ideologías, justamente, lo cual no significa (justamente) abrazarse sin más a esto que ahora se llama liberalismo, es decir, el capitalismo para todos los públicos. Desencanto alegre, danza sin objetivo, nada de morir por un rey o una patria, no: vivir para gozar, para saltar, para comer, para trabajar, para aburrirse incluso, ¡uno tiene derecho a aburrirse! Pocas cosas son más civilizadas que tirarse a la bartola y mirar el cielo.

-Vista desde cualquier punto de vista, por ejemplo éste: desacato frente a las flechas que señalan irremediablemente hacia otro lado, siempre hacia una lejanía temporal o espacial, hacia un deslumbrante más allá (incluyendo la señal de tráfico que indica: Cuba, tropecientos mil kilómetros, bah), hacia un lugar donde los humanos no estamos (nunca) presentes en este momento. Eso que algunos llamarán progreso; que puede ser ansiedad e injusticia y utopía y asesinato. Desacato que es, en Pasolini, aceleración de la imagen, fiesta, parodia y baile, carnaval, sátira y cínica euforia plebeya, Pasolini y la cultura popular impura en su pureza (pero sin exagerar: esa es otra desmayada utopía).

Morricone sonando, Totò y Davoli caminando, y el cuervo que les habla y les transporta a otro lugar: la historia de un San Francisco que le pide a dos de sus discípulos que conviertan a los pájaros al catolicismo, gorriones o halcones; a cada cual Davoli y Totò le hablarán en su propio idioma y con sus propios movimientos espasmódicos, para que no tengan excusa. Hilarante tontería, mofa sin mística. Ver a Davoli, a Totò andando como gorriones: uno de mis momentazos; de siempre.

El alegre Davoli o John Travolta o Belmondo, el refunfuñado Totò o Hulot o Kikujiro; ambigüedad y ritmo partiendo de Rossellini (como se dice en el film), tocando la fibra de Brecht (como se dice en el film), bailando con Godard y Buñuel; Pasolini y la lucha de clases, Pasolini reinventando casi posmodernamente un Neorrealismo que ha visto y oído a la Nouvelle Vague y que no se siente identificado ni con el idealismo realista de aquél ni con la discretamente encantadora burguesía de ésta.

Pasolini relajado, tenaz e indomable, dulce, emocionante, inesperado, creador de gags y de intrépida anti-narración y constructor, en suma, de un poema cinematográfico idiosincrático, paradigmático, todo lo irregular que se quiera, por supuesto, y por eso mismo (también) irrepetible, elegíaco y más contundente que los mejores eslóganes del Movimiento 15-M (nacido en mayo de 2011), que será un movimiento cultural o no será; Pasolini no era anti-sistema, el sistema era anti-Pasolini.