EDWARDS Blake (1922-2010)

Blind Date (Cita a ciegas) (1987: 7.0)

Señala Jordi Costa, en su crítica negativa (Fotogramas, junio de 2011) de la película francesa Pequeñas mentiras sin importancia, que las risas que escuchó mientras la veía (del público, se entiende) “son el peor dictamen: risas pequeñoburguesas, desecadas de todo placer y toda alegría, condescendientes, desgranadas como mero trámite”.

¿Y mis risas, ante Cita a ciegas: habrán sido o no pequeñoburguesas?

Lo dudo: fueron risas repentinas y desatadas, no graduales ni reflexionadas; fueron risas “proletarias”, por así decirse, pura alegría cinemática.

Pues no será ninguna joya, esta Cita a ciegas dirigida por Blake Edwards, no lo dudo: pero consiguió que yo soltase carcajadas en siete u ocho ocasiones. Lo cual es un mérito, se mire como se mire. Y si “algo” me hace reír, para mí ya es “bueno”: logra su objetivo, y esto no suele ser fácil. Por eso mismo, hace un par de años también critiqué favorablemente la comedia Cuestión de pelotas (que me hizo un trayecto en tren León-Madrid disparatado y muy ameno), lo que no entiendieron amigos de mi entorno, que me tienen por cinéfilo de bergmans y antonionis. ¿Pero no puede uno disfrutar (de maneras distintas) con El séptimo sello, Il grido y Cita a ciegas? ¡Sin duda!

Claro que para divertir al personal se necesitan señores estupendos como Blake Edwards, tipos que no se toman muy en serio a sí mismos, realizadores en realidad “clásicos” (como Stanley Donen) en su manera de entender la construcción de un film y, a la postre, gente sin pretensiones. Y que pasan de las modas cinematográficas.

El humor de Cita a ciegas se basa, primordialmente, en los tropezones, choques, caídas, gritos, persecuciones, golpes, piscinazos y meteduras de pata de sus atractivos y alcoholizados protagonistas, Bruce Willis y Kim Basinger. A los que hay que añadir a un delirante y obsesivo John Larroquette.

El cóctel de actores fue acertado y astuto. Basinger era entonces la actriz “hot” de moda tras protagonizar Nueve semanas y media. Willis era un famosísimo actor de televisión gracias a Luz de luna. Y Larroquette era también de sobra conocido por su hilarante papel en la serie Juzgado de guardia. Edwards es tan listo que reutilizó las personalidades, “tics” y puntos fuertes de estos tres actores y los mezcló con notable efectividad en Cita a ciegas.

Lo peor que hace Edwards, acaso por ceñirse en exceso a la tradición de comedia romántica clásica, es justamente combinar las (para mí, muy divertidas) escenas de, por así llamarlas, “movimientos desastrados” o “desastres en movimiento”, con los momentos sentimentales, que parecen artificiosos, cursis y fuera de lugar. ¡Ese Willis tocando la guitarra! ¡No, por Dios!

En cambio, lo que mejor hace Edwards es la comedia pura, la heredera de la locura metodológica del “slapstick”, de Cary Grant y Catherine Hepburn, de Jerry Lewis y los propios filmes de la Pantera Rosa (¡con Peter Sellers!) dirigidos por este simpático y cachondo director.

Ps. Aunque a mí El guateque, acaso por motivos ideológicos, me parece que está sobredimensionada. Me he reído más y mejor con la despreciada Blind Date.