KOZINTSEV Grigori (1905-1973)

Don Kikhot (Don Quijote) (1957: 6.0)

Veo Don Quijote, de Kozintsev, un día después de visitar la exposición “Construir la revolución: arte y arquitectura en Rusia, 1915-1935”. A propósito de aquellos edificios soviéticos que se construyeron con el fin, se supone, de apuntalar la Revolución Socialista de Lenin y Stalin. Unas edificaciones (escuelas, fábricas, centros culturales…) que, unos decenios después (como se comprueba en la exposición), eran pasto de las grietas, la fealdad (antiguamente funcional), la indiferencia y el abandono.

Algo de eso ahí en este Don Quijote: la apatía estética de los postulados comunistas destaca más que una propaganda no tan evidente; una rancia solemnidad anti-poética por encima de su (supuesto) carácter en tanto que interpretación marxista del famoso Hidalgo creado por Cervantes.

Kozintsev escoge algunos de los episodios más famosos del libro en esta superproducción que, por lo que parece, no escatimó en medios técnicos ni artísticos. Don Quijote fue encarnado, además, por el actor ruso más popular de aquel entonces, Nikolai Cherkasov, que le dota de una teatralidad a medio camino entre el idealismo ridículo y el patetismo. Kozintsev, con menor acierto que en su imponente Rey Lear, pone a Don Quijote y Sancho Panza (en “precuela” de Dos cabalgan juntos) en espacios enormes y amenazantes, de los que saldrán escarnecidos y molidos a palos, como todos sabemos. Aun sin menoscabo de su desequilibrada amistad.

Me llaman la atención cuatro aspectos de esta versión rusa sobre nuestro gran clásico:

1)                         El clima de conspiración continuo que maneja Don Quijote, en su creencia de que los desposeídos de la Tierra (España o la Madre Rusia) no saben de su pobre condición al estar embrujados y, así, los poderosos se aprovechan de ellos.

2)                        La crueldad de las gentes, tanto de los ricos como los pobres, en su afán por reírse de nuestro protagonista; ese ánimo de las gentes siempre alborotado y cínico para carcajearse con saña de un hombre cegado e ingenuo (por no decir imbécil) y de su inocente escudero.

3)                        La amistad entre Don Quijote y Sancho Panza parece el asunto principal de la película. Con qué felicidad se reencuentran, cerca del final. Tan opuestos, tan diversos, ambos son no obstante hombres que han elegido un camino de aventuras, peligros y bromas pesadas, lo que les une, justamente, hasta que la muerte los separa. Las últimas palabras de Don Quijote son preludio idealista de las más famosas del Che Guevara, el eslogan de “hasta la victoria siempre”, o similar.

4)                        La habilidad de algunas escenas, como a) la del león y Don Quijote, que comparten plano, aunque el tremendo felino no tiene la menor intención de atacar al Ingenioso Hidalgo, y b) la archiconocida de los molinos de viento, ante el ataque de Don Quijote, y cómo éste se queda enganchado a una de sus aspas, elevándose y luego cayendo estrepitosamente al suelo. Como, decenios después, el Comunismo. Descalabrado, demente, indefendible.