HAWKS Howard (1896-1977)

Gentlemen Prefer Blondes (Los caballeros las prefieren rubias) (1953: 7.5)

Los caballeros las prefieren rubias destaca por los espléndidos números musicales (bailados con contundencia e imaginación, cantados con coquetería) de la guapa y hombruna Jane Russell y la radiante Marilyn Monroe, en otro de sus hitos.

Contrastan con ellas los tres hombres secundarios de la cinta de Howard Hawks: el viejo Charles Coburn, el bobo Tommy Noonan y el supuesto galán Elliott Reid: risibles, grises, sin distinción. Hawks optó por un claro desequilibrio sexual: dos tías buenas, por un lado, y tres señores sin ningún carisma, por otro: un idiota millonario, un viejo verde (también millonario), además de un aburrido detective. Por si fuera poco, estas dos atractivas mujeres comparten barco con el disciplinado equipo olímpico masculino que ha de irse a dormir antes de las nueve de la noche, sin poder disfrutar de la noche (para desolación de Jane Russell).

El título de la película parece hoy machista y simplón, pero se refiere sólo a Marilyn, pues Russell era morena. Y la canción más famosa de la obra, “Diamonds are a girl’s best friend”, parece hoy reduccionista (las mujeres sólo piensan en lujo y dinero) aunque, de nuevo, implica solamente a Marilyn, ya que Russell, al menos en apariencia, no estaba tan interesada en las joyas y buscaba ese ente romántico llamado “amor verdadero”.

Gentlemen Prefer Blondes es una bonita, alegre y relajante comedia musical, una película de barcos (un subgénero que incluye joyas tan diversas como Tú y yo y… Moby Dick) que, en lo que a mí respecta (en este verano de 2011), ha perdido algo de frescura (pero no energía) y actualidad con el tiempo. La elegancia hawksiana carece aquí de la sustancia dramática o disparatada que caracteriza las mejores obras de este formidable director.

POSDATA LITERARIA: Leo en una magnífica, emocionante y fordiana (cómo no pensar en El último hurra) novela de Miguel Delibes, La hoja roja (de 1959), la siguiente reflexión: “La Marce no entendería nunca que el afecto entre una mujer y un hombre nace la tercera vez que aquella le lava a éste los calzoncillos”.