HERNÁNDEZ Antonio (1953-_)

F.E.N. (F.E.N.) (1979: 4.5)

En la época de la Transición, varios siglos antes de dirigir, en 2001, El gran marciano (basada en los personajes o personas del televisivo Gran Hermano), Antonio Hernández estaba disgustadísimo con La mala educación que había recibido. Educación franquista, estricta y religiosa. Debieron de ser terribles, aquellos curas. El rencor acumulado por los creadores de este film salta (y nunca mejor dicho) a la vista.

Con el sano fin de desahogarse, en suma, el joven Hernández escribió (con su hermano) y dirigió F.E.N., siglas de “Formación del Espíritu Nacional”, una parábola gruesa en la que los verdugos (los curas) pasan a ser las víctimas de unos exalumnos que parecen afiliados al PCE y fans viciosos de La naranja mecánica.

¿No resulta más bien inviable intentar, en una película, un cruce entre Kafka y Eloy de la Iglesia?

¿Y no parece excesivo combinar a Beckett, Genet y Pinter con el cine de Marco Ferreri?

¿No es demasiado ambicioso tratar de fusionar a Kafka con el Destape?

¿Es lógico acordarse de algún Haneke o de Deliverance o de Buñuel o de Saura… para echarlos a todos ellos de menos?

¿Es F.E.N. una “frikada” coyuntural, una película rara y sorprendente y, al mismo tiempo, más bien indigesta y, a la postre, ramplona y fallida?

A todas esas preguntas, responderé que sí.

En 1979, cuatro años después de la muerte del dictador y un año tras la abolición de la censura, algo se cocía en el cine español. Mencionemos títulos como Arrebato, El corazón del bosque, El crimen de Cuenca, El proceso de Burgos, Operación Ogro, Siete días de enero, La quinta del porro, Los fieles sirvientes

Sobre esta última, de F. Betriu, escribió Luis Urbez (en Cine para leer 1979): “…es una historia-parábola sobre la rebelión de unos criados que suben a ocupar el lugar de los amos por unas horas. Al llegar arriba los criados se comportan como los amos”.

La trama, en fin, es bastante parecida a la del film de Hernández. Se deduce que en esos meses o años había un panorama metafórico, agresivo y contestatario indudable. En ese contexto hay que entender F.E.N., una de cuyas escenas más esperpénticas es una comida en la que los dos sádicos vengadores (más que justicieros) se disfrazan de curas ancianos (uno de ellos, francamente grotesco) y convidan a un antiguo alumno del colegio de curas y a su familia a un banquete cínico y desquiciado que incluye hasta una rana... viva. El Ferreri más soez casi se queda corto, al lado de esta escenita. Por no hablar del show de striptease de la chica (Laura Cepeda) en la iglesia o de la confesión heterodoxa de una señora de buen ver con el cura Joaquín Hinojosa...

Hablamos de un cine irritado e irritante sobre humillaciones, sumisión, represión sexual, morbo y crueldad; un cine engreído, frustrado, resentido, simbólico y avejentado. Lo mejor de la película es su inicio: cuando el espectador ha de ir atando cabos ante lo que ve y oye, y no está seguro si está ante un experimento sociológico (como Das Experiment) u otra cosa. Y se va preguntando cosas como: ¿esto va en serio o en broma? O como: ¿qué hacen en una película así actores fiables como López Vázquez y Héctor Alterio? Y otras preguntas que me callo.