ALMODÓVAR Pedro (1949-_)

Mujeres al borde de un ataque de nervios (Mujeres al borde de un ataque de nervios) (1988: 8.5)

¿Cómo se percibe, 23 años después (septiembre de 2011), la modernidad o posmodernidad de la España construida en Mujeres al borde de un ataque de nervios? Acaso de dos maneras:

A) Con gran disfrute, ya que es una comedia loca (“slapstick”) y divertida con elementos de un Hitchcock kitsch.

B) Y con cierta distancia emotiva como consecuencia del efecto que provoca su habilidoso y elegante artificio.

La que fue obra más famosa de Almodóvar durante muchos años (al menos, hasta Todo sobre mi madre) destaca, a mi modo de ver, por tres aspectos:

1)                         Su tono paródico: incluso cuando lloran, los personajes no son del todo auténticos; el pastiche (y tributo) de modos más clásicos de entender la comedia y el drama se paladea durante los estupendos 85 minutos. El sufrimiento de Carmen Maura y las demás chicas es más teatral y cinematográfico que sincero. Los hombres almodovorianos, estereotipos sin empatía, se dedican a vivir. Mientras que sus carismáticas mujeres, bastante tienen con sobrevivir. Pero el tono y el estilismo del manchego nos provoca más placer  que dolor: y es un placer ya menos “underground” que sirkiano (de Sirk).

2)                        Su poderío visual: Almodóvar gustándose a sí mismo con esa combinación de diseño Pop, formas vistosas, ataques vulgares, movimientos suntuosos y colores alegres e intensos. Almodóvar alcanzando la excelencia almodovoriana en sugerentes concatenaciones de planos (teléfonos volando por la ventana) o encuadres inesperados y creativos (las piernas de Maura,  Maura ante su cama ardiendo, el perfil de Julieta Serrano, etc.).

3)                        Su despreocupación: este punto guarda relación con el primero. Se ha hablado de los alegres años ochenta. España se normalizaba tras años de dictadura y tras una transición política menos violenta de lo que pudo haber sido. Almodóvar rehuía a los nostálgicos y los barbudos, despreciaba a los convencionales y los soseras. Almodóvar se reía de la solemnidad dramática, la ceremonial sinceridad y la beatería. Almodóvar apostando por un costumbrismo desacostumbrado, por la modernidad visual y verbal, por el género del culebrón en clave hiperrealista, disparatada e hiperbólica. Almodóvar haciendo sátira dulce a través de unas situaciones entre graves y frívolas y mediante unos personajes, unas mujeres, que sufren por desamor en áticos de alta burguesía donde es igualmente posible alimentar gallinas, hablar con plantas y tomarse un gazpacho infectado de pastillas. A todo esto, al final de la cinta Rossy de Palma se despierta de su sueño erótico, y la vida sigue. Y el juego dramático y equívoco continúa. Y Almodóvar triunfa y sigue triunfando con desigual pero indiscutible merecimiento.