BERTOLUCCI Bernardo (1940-_)

The Dreamers (Soñadores) (2003: 5.5)

Bertolucci encerrando a sus personajes en una casa, una habitación, preocupados de sí mismos, mientras Mayo del 68 se desarrolla en el exterior. Una habitación con vistas, en todo caso.

O quizá no sea exactamente así.

¿No se estaría celebrando el ritual más veraz, realista, ambiguo y feliz de Mayo del 68 entre las paredes, las basuras y las sábanas del piso donde Matthew (Michael Pitt), Isabelle (Eva Green) y Theo (Louis Garrel) fuman, beben, se aman, dialogan, discuten, se enfadan y se bañan juntos?

En toda película de Bertolucci puede observarse una tensión entre unos personajes que desean evadirse del mundo y una Historia que se vislumbra al fondo y que intenta, por así decirse, colarse en la intimidad ingenua o torturada o despreocupada de esos personajes. Pensemos en Último tango en París, Belleza robada, El cielo protector, El último Emperador… Incluso en Novecento, donde el personaje terrateniente de Robert de Niro no quería saber nada ni de comunistas ni fascistas… Logrando la enemistad y odio de ambas sectas.

Mi problema con Soñadores es, justa y acaso paradójicamente, la cuestión de la autenticidad. De ritmo cinematográfico (más tendente al Pop y al vídeo-clip). De personajes y situaciones (todo parece un "déjà vu"). 

¿Por qué son o pueden parecer soñadores, estos tres personajes jóvenes? ¿Quizá porque querrían un mundo mejor, porque sueñan (los hermanos Isabelle y Theo) con quererse y estar juntos para siempre, o porque están atrapados en la red cinéfila del Séptimo Arte y sueñan con quedarse en esa tela de araña eternamente?

Curiosa y peliaguda cuestión, la de la autenticidad. A mi chica Soñadores le parece, precisamente, auténtica. A mí, más bien lo contrario. ¿Cómo definimos este término?

Sobre el aspecto de la cinefilia y las referencias, no sé si Bertolucci juega sucio: hay varias alusiones explícitas (con las imágenes... auténticas) a películas admiradas por los protagonistas (y por Bertolucci), de Godard y Fred Astaire, de Greta Garbo o Scarface, etcétera... ¿Por qué ese énfasis del director en mostrarnos la (poco verosímil) imitación de los protagonistas (incluyendo la carrera famosa por el Louvre de Bande à part) al mismo tiempo que las escenas reales de esas películas?

¿Mala conciencia, la de Bertolucci? ¿Se reduce el Mayo-68 a una tensión entre los sentimientos y los pensamientos, entre el decir y el actuar? ¿Entre quedarse mirando por la ventana o salir a la calle a enfrentarse a la policía (el típico enemigo “menor”…)?

No sé. Yo más bien diría que Soñadores es una incursión del gran director italiano en ciertas prácticas cinematográficas contemporáneas muy anglosajonas y comerciales. Como si, a la manera de un Cameron Crowe, hubiese querido rodar una especie de Casi famosos sobre el Mayo de París. O como si, de forma parecida a un S. Meadows (This Is England), hubiera deseado diseñar una versión tópica pero ambigua de aquella Francia: This is France, en suma. Una crónica nostálgica, sexy (¡muy sexy, cuántos desnudos: fantástica Eva Green!) y agridulce en torno a ciertos descubrimientos adolescentes, contradicciones genuinas, choques generacionales y tonterías juveniles, combinada con la moda del momento, el cine que más molaba (y Henry Langlois) y la música más “cool” de aquel tiempo (Hendrix, Dylan, Joplin…).

¿Fue Los amantes habituales (de P. Garrel) la respuesta francesa (lírica, heterodoxa, brumosa y, si se quiere, soñadora) a este pequeño “hit” que fue Soñadores? Parece que sí. Para mí no hay color. Pero, ¿habré sobrevalorado la de Garrel e infravalorado la de Bertolucci...? La duda me corroe las entrañas. Que no, que es broma.