ALMODÓVAR Pedro (1949-_)

La piel que habito (La piel que habito) (2011: 4.0)

Entrar o no. La piel que habito es, con sencillez, una de esas películas herméticas e impredecibles. O entras en ellas y te deslumbra o te quedas fuera: chafado, mosqueado, enfadado incluso. Por ejemplo: a una de mis hermanas le encantó, le impactó, le emocionó; a mí en cambio no me ha dicho gran cosa. La considero fallida: porque no pude, o no supe, entrar.

Mi decepción. En relación a la inmensa expectativa provocada, La piel que habito es una de las mayores decepciones cinematográficas recientes que he sentido. Aunque, es obvio, no hay consenso.

Salto. ¿Hemos de admirar a un director por sus saltos al vacío? No necesariamente. Depende del vacío en sí… O a lo mejor no existe tal vacío. ¿No se cae siempre en algún sitio?

 Forqué, Almodóvar, por qué. ¿La Kika de su (digamos) Época Profunda? Opino: quizá la peor película de toda la carrera del gran director. ¿Más desacertada que Entre tinieblas o La mala educación? Sí, peor: más desnortada y farragosa y sin ritmo ni pasión. O será una pasión gélida. O será una pasión que a mí no me apasiona.

Capicúa. Imaginemos una analogía Medem-Almodóvar: ¿Es ésta la Lucía y el sexo del manchego, la Caótica Ana de nuestro director más internacional?

Del laberinto a dónde. Almodóvar en su lúgubre y torturado laberinto. Un realizador que (se diría) ya no pisa la calle y que, por consiguiente, ha perdido la perspectiva razonablemente humana, encerrado en su habitación; ensimismado, respirando ya sólo Séptimo Arte con sus decenas de alusiones. ¿Pero es suficiente con ser intertextual? ¿Dónde están las ilusiones? Almódovar lanzado a una piscina: o bien vacía o (aquí hay teorías) bien desbordada… Almodóvar notando que no hace pie pero, como es un competente nadador, nada y nada y nada… hacia ningún sitio. Nada hacia la nada.

Post. El debate post-película, con mi chica y sus amigas, es mucho más entretenido que la película en sí. ¿Película de terror con reminiscencias (como siempre) de Hitchcock y Buñuel? Acaso. ¿Tributo a la tortura, un disparatado Saw de arte y ensayo? ¿Película sobre secuestros, un Átame en un Apocalipsis post-alegría? ¿Nueva vuelta de tuerca sobre el tema de la identidad sexual, en nuestra época de apogeo de la cirujía estética?

Shelley. ¿Frankenstein y Los ojos sin rostro? Escribí sobre la de Franju hace seis o siete años: “¡…para qué experimentar con la muerte: somos vida!”. Almodóvar, yo te bautizo como: El rostro sin ojos.

Primavera de Praga. ¿Cómo consigue ahora Almodóvar que su última obra parezca una especie de (plúmbea, descorazonadora) película checa de los años setenta fusionada con cierto espíritu gamberro (Anaya en su uniforme de piel, Anaya peleando con Banderas escaleras abajo, etc.) de Tarantino? ¿Te llegará de nuevo, Pedro, tu primavera?

Frase. Banderas a Anaya: “Desde hoy ya no podré seguir llamándote Vicente”. Pobres actores, Anaya, Banderas, Paredes. Se esfuerzan, con enorme intensidad, en un film sin apenas pies y cabeza. Sin sustancia… o con exceso de sustancia. Un artificio de una solemnidad irritante. Papelones, los suyos.

Momento cumbre. Aparece Agustín Almodóvar en la tienda e irrumpe el (Pedro) Almodóvar más querido, absurdo, costumbrista y posmoderno; el hermano de Pedro queriendo vender la ropa de su mujer, porque los ha abandonado. Divertidísimo instante. Demasiado breve. La piel que habito es un hipertrofiado Breve encuentro. Pero: todos hablaremos de Almodóvar cuando haya muerto. Ojo. Un respeto.