LEIGH Mike (1943-_)

Career Girls (Dos chicas de hoy) (1997: 8.0)

En los años noventa, Mike Leigh conquistó un territorio sentimental y social de una manera casi tan portentosa como el John Ford que, unos decenios antes, había colonizado artística y moralmente los paisajes desnudos y espectaculares de Monumental Valley.

En Mike Leigh, se dan la mano tradiciones y tendencias que no son fáciles de mezclar sin que surjan las grietas, las irregularidades, las goteras. A mi modo de ver, no obstante, Mike Leigh consigue que la tradición teatral británica del “kitchen-sink drama”, el cine social y urbano de gran raigambre en el Reino Unido y un existencialismo entre nihilista y compasivo (que lo aproximan, se quiera o no ver, a Bergman) se combinen de manera notable (de notable alto, diría yo) en películas como Dos chicas de hoy.

Los temas de Mike Leigh, como el paso del tiempo y la conquista (de nuevo) de la felicidad, se alternan con los retratos sociológicos y generacionalees. Todo ello bajo el manto ideal de la “justicia”, concepto eterno e indipensable y que constituye, en el cine comprometido (es decir, de izquierdas) de Leigh, una piedra angular. “That’s not fair” es una frase que se oye varias veces en Career Girls. Es decir: “Esto no es justo”. Una intuición o, quizá, descripción repetida por los personajes cuando observan a su alrededor cómo la vida trata de manera distinta a unos y a otros, y cómo la gente cambia en los aspectos más epidérmicos pero apenas evoluciona. Cómo nuestros actos tienen consecuencias muchas veces terribles. E injustas.

Mike Leigh alcanza momentos de auténtica profundidad humana en escenas rutinarias como unos trozos de cebolla friéndose en una sartén, tres personajes bailando en los ochenta, en un salón cutre, al son estéticamente siniestro de The Cure o una cena entre amigas diez años después…

Es cierto que se le puede (y acaso se le debe) reprochar a Leigh una cierta exageración en los tipismos de los personajes, una cierta crudeza o, más bien, histerismo dramático que podría reflejar una incapacidad para ilustrar personalidades de manera más sutil. Sin embargo, los altibajos de Leigh quedan, en mi opinión, muy superados por su sobriedad narrativa, su solidez en la escritura del guión (con sus magníficos diálogos) y, sobre todo, por esos momentos de gran realismo y de enorme intensidad entre personajes (con uso de primerísimos planos, también). Unos personajes que, como Hannah y Annie, están obligadas a vivir su tiempo presente sin que nadie les haya enseñado cómo se vive mejor (felicidad) y de manera más honrada (justicia).

Las dos actrices que encarnan a Annie y Hannah, la espléndida Lynda Steadman y la estupenda (aun sobreactuada) Katrin Cartlidge tienen toda la física y la química necesarias para hacer de Career Girls un sabroso festín agridulce, feísta pero con instantes de indagación humana y sociológica de enorme potencia y belleza. La felicidad y la justicia no son necesariamente compatibles.