FELLINI Federico (1920-1993)

Giulietta degli spiriti (Giulietta de los espíritus) (1965: 3.0)

En los años sesenta y setenta, no por completo (no del todo en Amarcord ni Roma) pero hasta cierto punto, se diría que Fellini comienza a considerarse más importante que sus propias creaciones. Giulietta de los espíritus: Fellini de los fantasmas. Éste es el Fellini, como el de 8 ½ o el de Satyricon, más fantasma. ¿Cómo un hombre, el “mismo” hombre, puede asombrarme, emocionarme, hacerme reír y llorar gracias a La Strada, Los inútiles o Amarcord y luego más adelante desagradarme, incluso horripilarme?

Acaso por eso, porque es un hombre. Sólo un hombre. Y, en el caso de Fellini, un hombre para la eternidad, un director “encima del” título. Vaya sambenito.

Y es que Giuletta de los espíritus es precursora de Jeunet y su Amélie, de Léolo y su surrealismo zumbón y de muchas otras piruetas retóricas y semi-oníricas; además anuncia al Almodóvar más plástico e inconsistente y a lo mejor hasta influyera, con su escena de hipnotismo, en El exorcista. Ambicioso, todo-lo-ve Fellini, aquí realizó su film más tontorrón e inane, su Zazie en el metro, su Discreto encanto de la burguesía (pero más festiva, su filosofía es sólo estética).

Qué desperdicio. Tras la ya discutible La dolce vita (¡la primera película sobre la que escribí, allá por 2001, hace ocho años!), los años sesenta le ofrecen a Fellini elementos rimbombantes variados que él recoge sin naturalidad pero con deleite: sesiones de espiritismo y psicodelia, budismo y culturismo, diseño colorista y hippismo pijo, yoga y psicologismo, profetas (ay, Dino Risi) y tontería, recepciones de moda y famoseo. El guateque de Fellini. Un Fellini “prêt-à-porter”. ¿El jeque blanco, Los inútiles, La strada, dónde quedaron? Ni rastro de ellos. Ni rastro de generosidad ni cercanía, de humildad o análisis. Impera una irritante banalidad de circunloquios formalistas, espejos ornamentales y caricaturas dramáticas. Un Fellini muy menor que seguramente se creía mayor, y hasta se mofa de El séptimo sello con mucha menos gracia que nuestra Torremolinos 73.

Disperso, aparatoso, ilusionismo sin ilusión, fuegos artificiales y artificiosos, y Giulietta Masina poniendo caras, la pobre: tu Fellini perdido en su marasmo de invencibles prestigios. Esta obra es un coral fluir de vacías extravagancias, un inepto Fellini (con perdón): cómo se puede entusiasmar, repito, tanto y, poco tiempo después, molestar tanto. Y hablamos del mismo director, insisto; esto no me ocurre, al menos no hasta este punto, con ningún otro autor cinematográfico. Por ejemplo: The Sun Shines Bright me parece la más floja película de Ford, Yo te saludo, María la peor de Godard, Kika la menos defendible de Almodóvar. Pero no me repelen, en ningún caso, como sí lo hace Giulietta de los espíritus.

Cansa tanta impostura. Un genio no debería confiarse, dormirse en los laureles. Porque puede que la inspiración le llegue pero, ay, le pille roncando. Y cuando se despierte, ese genio puede pensar que la acumulación de sueños originales, números circenses e histéricas maniobras de lujo (“freakismo” vaporoso, desquiciado teatro de marionetas, no de hombres) constituyen una obra maestra, un típico producto de Autor. Un genio no debería esforzarse en serlo, no debería sobreactuar, no debería ser Dalí: porque nos hacen dudar, estos señores,  ¿serán Dalí y Fellini dos genios?

Por otro lado, tampoco el genio deberá echarse la siesta y confiar en los hados del exceso icónico y la marca (FELLINI S.L.) querida por los turistas del cosmopolitismo cinematográfico. En resumen: ni forzarse en demasía ni sucumbiar a la vaguedad sin pensamiento. Ambos son pecados.

Fellini ahumado, vano y vanidoso. Fellini tapicero. Fellini diseñador de interiores. Lo reconozco: he visto solamente 58 minutos de esta película, la mitad. Pero lo dejo aquí: es inútil insistir con alguien que insiste tanto.

Apunte final, algo desbocado: antes que Giulietta de los espíritus prefiero Sor Citroen o La jungla de cristal 3, prefiero un film de Tinto Brass o de Damiano Damiani, prefiero ¡Todos al suelo! con Pajares y Esteso o Pesadilla en Elm Street 4; incluso, rematemos la jugada, prefiero El fantasma, doña Pura y el follón de la escultura. Film que no he visto ni pienso ver.

Fellini y sus laureles.