FINCHER David (1962-_)

The Curious Case of Benjamin Button (El curioso caso de Benjamin Button) (2008: 5.0)

El habilidoso y modernísimo David Fincher yendo de clásico, dickensiano, acaso capriano y hasta buenista.

Y, como siempre, epidérmico. El curioso caso de Benjamin Button es una película “tranquilizadora”. Que es el adjetivo que utiliza el director Nanni Moretti cuando quiere defenderse de las acusaciones de “conservadurismo” por su película Habemus Papam. Añade el italiano: “Si hubiera hecho una película conservadora, a todos les hubiera gustado” (en El Cultural, octubre de 2011, entrevista de Xan Brooks).

El curioso caso de Banjamin Button parece haber gustado (entre el notable y el sobresaliente) a casi todo el mundo. Yo ni siquiera la he visto entera, lo reconozco; pero, como me decía con gracia mi novia mientras la veíamos en televisión, esta película “no mata”. No es para tanto. ¿De dónde proviene el entusiasmo y las puntuaciones altas de muchos críticos? ¿Para esto le sirve su indudable talento a David Fincher?

Película sin carisma ni personalidad, se sostiene esforzadamente sobre el sentimiento, los actores famosos (Pitt, Blanchett) y la trama “peculiar”. Eso de que el protagonista nazca anciano y, a medida que cumple años, se vaya haciendo más joven. Atractiva paradoja. Pero Fincher se moja más bien poco. Fincher agarra su materia prima con guantes. Fincher no pisa charcos. Sus imágenes están demasiado “producidas”; son planas, sosas. No se detecta ni pasión ni autenticidad ni verdadera orginalidad. Poco más que oficio, buena factura, técnica cinematográfica. Quizá sea lo más flojo de Fincher que he visto hasta hoy (otoño de 2011).

Una especie de Forrest Gump (como me hizo notar de nuevo mi chica) con personaje extravagante e inocente que va descubriendo la vida y sorprendiendo al espectador, etcétera. El Big Fish de Fincher: algo cursi, ñoña, exótica, bastante ornamental, sin apenas puntería ni riesgo. Ay, esas obras sobre individuos “diferentes”: ingenuos e idiosincráticos y que no logran adaptarse del todo al mundo en que viven, un mundo que ven de otra manera. Tipos que además sufren enfáticas epifanías, vaya por Dios.

El título y el personaje principal me han recordado a los de la novela El curioso incidente del perro a medianoche; interesante también pero que tampoco mata. Y yo me pregunto modestamente: ¿Por qué no se expone usted más, señor Fincher? ¿Por qué no intenta matarnos con más tesón o más punch o más fe o más rabia?