BECKER Jacques (1906-1960)

Le trou (La evasión) (1960: 9.5)

Si alguien me pregunta a día de hoy (noviembre de 2011) quiénes son mis diez directores favoritos, le responderé que uno de ellos es Jacques Becker.

Alguien que ha dirigido La evasión, Los amantes de Montparnasse, París, bajos fondos y la escasamente conocida Calle de la Estrapada, todas excelentes, ha de ser sin duda uno de los grandes. Extraña condición, la de este realizador. A caballo entre los románticos y literarios franceses y la novedad de la Nueva Ola, su cine trata todos los grandes temas humanos con enorme sencillez, pulcritud y un carácter esencial. Oponiéndose a cualquier amaño frívolo, adornado o gratuito.

Por momentos, La evasión parece de Bresson: atención obsesiva y paciente al detalle, a las acciones que cinco hombres llevan a cabo con el fin de escaparse de la prisión. Qué maravilla observar durante unos segundos o minutos a un hombre cavar o remover cemento, o seguirlo por un laberíntico pasillo, una alcantarilla o cloaca. Buscando resquicios que le permitan la huida. Qué asombro descubrir las ingeniosas (pero ingenuas) tretas que se inventan estos cinco hombres para que los guardias no sospechen. Y Becker nos muestra todo esto en planos largos, austeros y realistas: porque para él es importante que veamos lo que en verdad está sucediendo. Que entandamos los procesos que conducen a un objetivo. Algo que ya había propuesto Dassin, pocos años antes, en la estupenda Rififí.

Si no llega a ser bressoniana La evasión es porque (más por suerte que por desgracia) Becker no es un purista ni un radical del séptimo arte. Y, por eso, al contrario que los personajes de Un condenado a muerte se ha escapado, los hombres beckerianos sí muestran sentimientos, sí son “hombres” (frente a los “modelos” de Bresson) enfrentados con nobleza y dignidad a la tragedia de la vida.

Los grandes temas universales, decimos: la amistad y la traición, el compromiso y la duda, el miedo y el cálculo, la camaradería y la confianza, el trabajo y el amor. La manera como Becker nos enseña a estos tipos, más sensibles, tranquilos y con mejores maneras que sus equivalentes norteamericanos (pensemos a La fuga de Alcatraz, por ejemplo), a mí casi me recuerda a los marinos de Confesión, retratados con cariño y respeto infinitos por el ruso Sokurov, incluyendo su componente homoerótico, por cierto.

Preguntado Antonio Muñoz Molina por Nuria Azancot (El Cultural, octubre de 2011) qué ha descubierto del “escritor que hoy es y del que espera ser”, el escritor español responde: “Que no hay que bajar la guardia ni permitirse indulgencias de estilo”. Imposible no pensar, aquí y ahora, en el arte cinematográfico (sobrio, preciso, humano) del gran Jacques Becker.

Recordemos los nombres de estos cinco actores y hombres: Michel Constantin, Jean Keraudy, Philippe Leroy, Raymond Meunier y Marc Michel.