FERNÁN GÓMEZ Fernando (1921-2007)

El malvado Carabel (El malvado Carabel) (1955: 9.0)

Seguramente estaré sobredimensionando obras españolas que parecen menores como Sólo para hombres o El malvado Carabel, de Fernán Gómez, u otras como La ironía del dinero (Neville) o Bombas para la paz (Román). Pero, viéndolas, lo cierto es que no he sentido ni por asomo un minuto de aburrimiento, de tosquedad, de propaganda o de timo. Son películas que coquetean con la comedia mágica y el drama, entre el sainete (muy español) y el disimulado conflicto (el dinero y el amor). Espléndidas muestras de cine ágil y divertido, sin optar por el fácil esperpento ni el esparcimiento sin más.

Basada en un libro de Wenceslao Fernández Flórez (a quien acaso debería frecuentar), El malvado Carabel es obra y gracia de don Fernando Fernán Gómez, un grande en la historia del cine europeo, como actor y como director. De los casos más escandalosos que conozco de autores cinematográficos infravalorados, aquí y allá. Para mí, sin ir más lejos, es un director más valioso que Blake Edwards o Stanley Donen, por poner dos ejemplos característicos.

El malvado Carabel o Sólo para hombres son parte del tipo de obras que su propio autor parece despreciar o confinar a notas a pie de página. En sus fabulosas memorias (El tiempo amarillo), Fernán Gómez pasa de puntillas por ambas. Como fueron fracasos de público y crítica en su momento, para nuestro director no merecen demasiada atención, atento como está en su libro a rememorar instantes de éxito y popularidad. Es un cine tan leve, tan en apariencia anecdótico que casi apetece ningunearlo. Pues bien: yo me lo paso mejor viendo un film como El malvado Carabel que ante casi cualquier otra obra, incluyendo (por ejemplo) varias de las comedias de Howard Hawks o las controladas locuras de Jerry Lewis.

El malvado Carabel sí deja títere con cabeza, aunque parece (a ratos) sátira del deporte y de las corruptelas inmobiliarias (¡hace más de medio siglo!), sátira del hipnotismo y de los “human resources”, sátira de los niños prodigio y los adultos solemnes. Y es, al mismo tiempo, y sin darse ningún énfasis, tierna parodia del cine de atracos (¿habría visto Fernán Gómez la francesa Rififí, del mismo año?) y hasta del neorrealismo (El limpiabotas), de los folletines, los melodramas y hasta de las películas con niño. Se ríe sin crueldad pero atinadamente con todos y de casi todo.

Y todo esto en 77 minutos que no contienen ni un gramo de grasa. El malvado Carabel sería lo más opuesto que se me ocurre al Fellini de Giulietta de los espíritus o al cine de Hsiao-Hsien. Ninguna ínfula. Tampoco guarda relación alguna (lo escribo para que no se alberguen dudas al respecto) con Gritos y susurros, Salvar al soldado Ryan o Novecento. Conste en acta.

Gloriosas líneas de diálogo, simpático examen de la bondad y la maldad, la felicidad y la majadería, todo esto es El malvado Carabel, otra obra de FFG que parece pequeña y es grande, fluida y de escritura invisible, fresca y aguda, como un tazón de leche un domingo, como una abierta sonrisa, como un beso agridulce y españolísimo, película de pies en la tierra más que de pies, para qué os quiero. Fruto del talento genial de su autor, director y actor principal, aquí muy bien acompañado por María Luz Galicia, un cañón de espléndidas y latinas caderas y labios carnosos (como las de antes), no menos sabrosos que los de la celebridad por excelencia en el siglo XXI, la señora Angelina Jolie. Por cierto.