VISCONTI Luchino (1906-1976)

Rocco e i suoi fratelli (Rocco y sus hermanos) (1960: 9.5)

Visconti creando, atrapando y dominando un mundo como si le cupiera en el bolsillo del pantalón.

Magnífica (profunda, compleja, inabarcable) película en torno a una familia del sur de Italia que llega a Milán con la intención de ganarse el pan de manera decente. O como sea.

Visconti divide la película en extensas estampas en función de cada uno de los cinco hermanos de la familia Parondi.

Cada cual se busca la vida como puede. Como en la española Surcos (1951), con similar argumento, el tono es más amargo que complaciente. La ciudad es dura; la realidad les supera. Lo decía nuestro Paco Martínez Soria: La ciudad no es para mí.

En Rocco y sus hermanos asistimos al nacimiento de la modernidad de edificios y extrarradio (examinados por Pasolini en esa época) al mismo tiempo que observamos la perpetua miseria, tanto económica como moral, de los que quieren ganar dinero. Boxeando, por ejemplo, toda una metáfora de la existencia al borde del precipicio.

La pureza no es de este mundo. El personaje de Rocco (fascinante Alain Delon) renuncia a su amor por la puta Nadia (estupenda Annie Girardot) por el amor a su hermano Simone (Renato Salvatori).

El final de la película querría haber sido ¡Qué bello es vivir!, con la ansiada y feliz reunificación familiar, pero no sabe serlo. Visconti es demasiado lúcido.

Siendo quizá la menos viscontiniana y la más obviamente ambiciosa de las películas de Visconti, Rocco y sus hermanos triunfa por encima de sus posibles rémoras, convirtiéndose en fresco sociológico, comentario moral, fábula universal e influyente película que conversa de usted a usted con Rossellini, Pasolini, el gran cine americano (de Capra a Kazan) y el primer Bertolucci.

La modernidad de la década de los 60 puede rastrearse de manera completamente distinta en obras de arte de 1960 como Rocco y sus hermanos, El apartamento, La evasión, Río salvajeLa dolce vita. Fabuloso año de cine.

Momentos inolvidables: ese entusiasta e ingenuo despertar en la humilde casa de la familia Parondi, el abrir ventanas y ver que está nevando; la brutal y larguísima pelea entre los hermanos, Rocco y Simone (nada que ver con la energía positiva de la pelea de El hombre tranquilo); el hermano pequeño pasando su mano por los pósteres que anuncian los próximos combates de Rocco; o el abrazo de la muerte de Simone y Nadia al lado del río.

Nadia tampoco hablará de nosotros cuando hayamos muertos.