NIEVES CONDE José Antonio (1911-2006)

Los peces rojos (Los peces rojos) (1955: 8.0)

En Surcos, la genial película de Nieves Conde, la distancia entre el deseo y la realidad era dolorosa, trágica. La familia emigrada del pueblo terminaba por irse de Madrid tras ir de fracaso en fracaso sin interrupción (sin la esperanza final del niño de Rocco y sus hermanos). El drama social, hijo del neorrealismo, adquiría sombras castizas con toques de cine negro.

En Los peces rojos, sorprendente aproximación de Nieves Conde a terrenos más íntimos y casi surrealistas, la realidad y el deseo siguen haciendo de las suyas. Pero en el universo inmediato de la pareja, las ambiciones personales y el amor. Y el engaño como forma de vida. 

Si en El invisible Harvey el buenazo de James Stewart se imaginaba que su mejor amigo era un conejo gigante, en Los peces rojos el paranoico personaje de Hugo (fantástico Arturo de Córdova) se inventa un hijo por puro interés. Lo insólito de la trama es que su joven novia Ivón (extraordinaria Emma Penella) se enamora de ese hijo de diecinueve años… sin haberlo visto. Desconociendo que es un conejo de la chistera del guionista Carlos Blanco.

Se trata de uno de los argumentos más originales que recuerdo. Con ese toque siniestro y macabro que caracteriza parte del mejor cine español, de Buñuel a Berlanga, pasando porEl extraño viaje de Fernán Gómez, Amador de Regueiro (ambas de los años sesenta), hasta La comunidad de Alex de la Iglesia.

Nieves Conde, poderoso en el dominio de los espacios y tiempos cinematográficos, nos regala una atractiva y extravagante película con ecos evidentes de Hitchcock (¿vio don Alfred Los peces rojos antes de rodar Psicosis?), Buñuel, Fritz Lang y hasta el Carol Reed de El tercer hombre (en cierto virtuosismo en los planos). Una obra repleta de matices, trucos (como el impagable truco de magia del pavo) y filigranas técnicas (no todas al mismo nivel de acierto) en la que casi nada es lo que parece. Y en la que hay un catálogo de personajes secundarios increíbles y misteriosos: el recepcionista del hotel, el inspector de policía, la amiga de Ivón. No es poca cosa, el misterio.

El drama casi trágico de los protagonistas de Los peces rojos está originado en el dinero. En la necesidad de conseguirlo como sea para sobrevivir y prosperar. Como en Surcos. Un dinero que fue también protagonista en la excelsa y poco conocida película de Neville, La ironía del dinero, igualmente de 1955.

Por cierto, si añadimos a las películas de Nieves Conde y Neville las obras mexicanas de Buñuel (El río y la muerte, Ensayo de un crimen), además de Muerte de un ciclista (Bardem) y El malvado Carabel (Fernán Gómez), no parece que fuese un mal año para el cine español. Sin ir más lejos, ¿ha habido en la cosecha de 2011 cinco o seis películas tan buenas como las mencionadas? Habrá que insistir tantas veces como sea necesario: la censura cinematográfica, siendo detestable, no conlleva menor calidad. Eso depende del talento y la habilidad de los creadores.