EDWARDS Blake (1922-2010)

Breakfast at Tifanny's (Desayuno con diamantes) (1961: 8.5)

EXISTENCIALISMO. Pongamos que Desayuno con diamantes es un film existencialista.

Sus protagonistas, la puta Holly (divina Audrey Hepburn) y el puto y escritor Paul (George Peppard), buscan el sentido de la vida. Ambos tienen sus momentos de epifanía.

Ese instante en que (como nos enseñó de forma sublime Joyce en Dublineses) caemos en la cuenta de qué es lo que nos hemos estado perdiendo. Nos percatamos de qué es la felicidad, o qué cosa se acerca más a ella. Y nos replanteamos todo: presente y futuro.

Pero estos dos momentos epifánicos son distintos. El escritor Paul Varjak se da cuenta de que se ha enamorado de su vecina locuela y, a partir de ese momento, se muestra sincero y elocuente.

Mientras, la jovial, ingenua, materialista y melancólica Holly Golightly sólo siente esa necesidad de amar (para ella, una derrota) al final de la película: está en un taxi, fuera llueve a mares, su gatito se ha perdido entre los cubos de basura. Y su amante brasileño (Vilallonga) la ha repudiado tras hacerse pública su relación (accidental) con un conocido criminal. En fin, que la epifanía de Holly (Audrey) es forzosa. Ya no tiene donde caerse muerta. El dinero sigue siendo su objetivo máximo y, en tales circunstancias, el gris escritor Paul es la única opción sensata. Pero la película podría continuar. ¿Cómo sería el día siguiente?

Blake Edwards es hábil en la construcción de personajes, fiestas y gags. Y es reconocible en su diseño de escenas diáfanas, pulcras y realistas (la cámara registra lo que hay) con un perfil entre romántico y absurdo, sentimental y humorístico. Sin la pantera rosa de por medio, la comedia romántica es su territorio más querido. Y la elegancia compositiva es su bandera. Y la ligereza: una hondura banal y contradictoria. La profundidad de la piel.

Obra mítica (acaso demasiado mítica) basada en el libro del mítico (acaso demasiado mítico) Truman Capote, Desayuno con diamantes es una frivolidad exquisita que supuso la creación del mito de Audrey Hepburn (irresistible pero acaso otro mito demasiado mítico).

CITA FINAL. Cito de una obra existencialista de distinto signo, la primera novela de Miguel Delibes, La sombra del ciprés es alargada (su existencialismo es religioso, austero, puritano, grave), que es válida para la película: “Al hombre, por el mero hecho de vivir, le era necesario aprender antes a deshacerse de todo con una sonrisa de escepticismo”.

Escepticismo ante la vida, incluso ante el cine, en el personaje de Audrey y el propio director Blake Edwards. 

¿Y cómo habría sido la película con Marilyn Monroe?

Una bomba.