CRUZE James (1884-1942)

I Cover the Waterfront (A la sombra de los muelles) (1933: 5.0)

A la sombra de los muelles es una extraña película dirigida por James Cruze, un actor habitual del cine mudo y director realmente prolífico durante los años veinte y treinta. En 1933, año de esta película, Cruze fue el realizador de otros tres títulos. ¿Quién dirige hoy día cuatro películas en un mismo año?

Las estrellas de esta estrafalaria e irregular película son Ben Lyon y Claudette Colbert. El primero, uno de los actores menos carismáticos que recuerdo. La segunda, estrella de Hollywood en los treinta y cuarenta con títulos espléndidos como Sucedió una noche (Capra), Pacto tenebroso (Sirk) o Regresaron tres (del infravalorado Negulesco).

La trama es demencial. El personaje de Lyon es un periodista que rastrea historias de crímenes o cotilleos al lado de unos muelles. El malo de la película es el padre de Colbert, que se dedica a traficar con alcohol (botellas metidas en pescados) y trabajadores chinos. Y todo esto en 1933, cuando Saviano aún no había escrito su demoledora Gomorra. El mundo no ha cambiado tanto.

La película está hecha con enorme simplicidad narrativa y dramática; a veces provoca la carcajada sin pretenderlo. Aunque lo cierto es que el film sí contiene humor: algunas de las frases destilan cinismo, absurdo y descreimiento. Hasta que surge el inevitable amor entre el gris héroe Lyon y la desenvuelta Colbert. Que se conocen, por cierto, al borde del mar, mientras ella se baña desnuda. Y la vislumbramos tras una roca sin ropa (ver fotograma). ¡Ah, los felices y atrevidos años treinta! Mucho más valientes y liberales, en Hollywood, que los oscuros y psicológicos cuarenta.

I Cover the Waterfront (nada que ver con On the Waterfront de Kazan) nos deja también una escena que parece precursora del Tiburón de Spielberg. Un personaje pierde su pierna al ser arrancada por un tiburón que fue directo hacia él. Un momento rodado sin suspense, sin terror, sin nada. A Cruze no le interesaban estas cuestiones. Viendo la película, es difícil adivinar qué le interesaba realmente a este director; como no fuese rodar a toda velocidad, dejar un puñado de momentos de inusual crudeza (ese chino encadenado y arrojado por la borda; ese desprecio por la muerte) y un final raro y feliz. Más o menos.