DEMILLE Cecil B. (1881-1959)

Union Pacific (Unión Pacífico) (1939: 8.5)

El Progreso se abre paso a través del Sacrificio, la Iniciativa y la Competición.

Esta santa verdad es manifiesta en la estupenda Unión Pacífico, película del famosísimo Cecil B. DeMille, un director capaz de fusionar episodios de la Historia de los EEUU (y su Destino Manifiesto) con el melodrama y la aventura individuales.

Como en Atlas Shrugged de Ayn Rand, en Union Pacific también hay una competición de empresas ferroviarias. Las dificultades que ha de vencer la Union Pacific son de dos tipos. Por un lado, están los intentos de boicot que llevan a cabo los malos de la película (pagados por un banquero, ojo). Por otro están los indios, azuzados por la muerte de uno de los suyos de manera gratuita (escalofriante momento: uno de los malos le dispara desde el tren como si hiciera práctica de tiro al blanco).

Los malos civilizados llevan bigote, son especuladores, jugadores, envarados y disparan por la espalda. Juegan sucio, en suma. Los buenos no tienen bigote y, en la figura del actor Joel McCrea, encuentran a un héroe peculiar. Un héroe de rostro apático, casi indiferente. Como si en la actualidad nuestra vida dependiera del manejo de las pistolas de un Colin Firth. Cierto es que, a pesar de su falta de carisma, el personaje de McCrea despierta el “human desire” de Barbara Stanwyck (verdadera protagonista del film). Al César lo que es del César y a Joel lo que es de Joel. 

Momentos épicos de esfuerzo y conquista, en los que progresa la Historia, se combinan con instantes íntimos, sentimentales o líricos (no muy distintos a los de John Ford, quizá menos sutiles).

La imagen final (el triunfo de la Historia sobre las pequeñas historias), con la unión física de los trenes y el apretón de manos que afirma el compromiso con la Tierra Prometida, contiene un éxtasis dramático y un júbilo patriótico irresistibles. Por otro lado, hay momentos morales emocionantes como esa asombrosa escena en la que Stanwyck le lee una carta ficticia a un moribundo.

Union Pacific demuestra con creces la capacidad excelsa de DeMille como narrador y creador de Leyenda. Un director maniqueo pero extraordinario. Lo cortés no quita lo valiente.