RAY Nicholas (1911-1979)

Born To Be Bad (Nacida para el mal) (1950: 7.5)

En los países mediterráneos, donde el desprecio a la ley suele ser directamente proporcional al embeleso con las figuras autoritarias, siempre se mira hacia Arriba cuando se quieren encontrar culpables. De lo que sea. El individuo modesto no pinta casi nada. Si actúa de una manera o de otra es porque el Sistema o la Sociedad, el Mercado o la Iglesia le obligan a hacerlo.

En los EEUU, en cambio (tanto para bien como para mal), el que carga en sus espaldas con la cuota legal y moral de sus actos (deber, responsabilidad y libertad) es la persona concreta. No podrá mirar para otro lado cuando un dedo acusador la señale.

En una película irregular pero muy entretenida como Nacida para el mal, no existe la menor duda sobre las intenciones interesadas y las palabras dañinas del personaje de Joan Fontaine, Christabel: quiere ser más importante y rica como sea. Su aparente dulzura y apego a nobles causas (rasgos que, en los países latinos, nos engañan fácilmente) apenas logran tapar su hambre por llegar a ser alguien en la sociedad: a cualquier precio. Su egoísmo y su estética de la solidaridad quedan al descubierto con enorme crueldad cuando echa a su tía de casa y ni siquiera va a visitarla cuando se está muriendo. Es fácil ser solidario con los que no tenemos que aguantar día tras día.

Nadie lo puede tener todo y, por eso, cuando esta mujer ha obtenido la estabilidad y el dinero con un hombre al que no ama, echará en falta sus encuentros sexuales con el escritor sin éxito (el duro y carnal Robert Ryan). En películas como Diario de una camarera (más en la versión de Buñuel que en la de Renoir) encontramos un dilema semejante. La consecución de los deseos no tapa todas las grietas de la felicidad.

Nicholas Ray deja de lado su entregado romanticismo y su simpatía por los márgenes sociales a la hora de diseñar este drama tan cínico y frívolo como clarividente. El final es categórico: el precio del retrato de Christabel aumenta a la vez que su reputación (gracias al escándalo extramatrimonial) desciende. Es el precio de la fama, algo que entiende a la perfección el artista (¿gay?) que la había pintado (estupendo Mel Ferrer). Se suele decir que toda persona tiene un precio. Sobre todo, las personas sin escrúpulos como Christabel, parece decirnos la película. 

Los impulsos individuales (envidias, ambiciones, traiciones, celos) son en muchas ocasiones más fuertes que los determinismos sociales y sus jerarquías. La culpa de la maldad de Christabel no es del Sistema. En todo caso, de Nicholas Ray.