DEMILLE Cecil B. (1881-1959)

The Ten Commandments (Los diez mandamientos) (1956: 8.0)

Los diez mandamientos es un espectáculo arrollador. Para lo bueno e, incluso, para lo menos bueno. Uno se siente, literalmente, arrollado por un trolebús fílmico de casi cuatro horas de duración que nos deja sin aliento.

Eso sí, tanta solemnidad verbal y grandiosidad visual terminan por agotar al espectador más rendido a sus encantos: que son abundantes. Lo mejor es hacer una pausa tras un par de horas, tomarse un café y volver a la carga. 

En la segunda mitad se encuentran los momentos más famosos y asombrosos: Dios apareciéndose a Moisés tras un arbusto; Moisés separando las aguas del mar Rojo; las gentes adorando un becerro de oro; Dios esculpiendo las Tablas de la Ley en el monte Sinaí. 

Cecil B. DeMille se confirma como uno de los más fabulosos narradores de historias (tirando a maniqueas), como un majestuoso diseñador de decorados y un extraordinario creador de espacios cinematográficos. 

Numerosos pasajes de Los diez mandamientos son alucinantes en su utilización de miles de extras y en el uso impresionante de efectos especiales (que, hoy día, rozan o abrazan lo kitsch, pero qué más da).

¿Qué podría hacer James Cameron con la épica historia de Moisés, el niño rescatado de las aguas? ¿Se debería hacer una versión en 3-D que marcara un antes y un después en la historia del cine? Si es así, que no la haga Spielberg, con su azúcar obligatorio. Si no se atreviese Cameron, propongo a Eastwood, incluso a Scorsese.

Agradezco desde aquí al estupendo blog de cine Un blog comme les autres por sus recomendaciones (en concreto, las de Jesús Cortés y Miguel Marías). DeMille ya ha dejado de ser, para mí, un director desconocido. Gracias.