RISI Dino (1916-2008)

I mostri (Monstruos de hoy) (1963: 9.0)

Estos Monstruos de hoy (Italia, 1963) siguen siendo los de hoy mismo: 2012 y España, sin ir más lejos. 

Una película divertida y cruel que combina sátira social con caricatura y hasta parodia: de los cineastas obligatoriamente geniales, por ejemplo: esos que lanzan a la viejecita en silla de ruedas a la piscina, para lograr una escena escalofriante…

La galería de personajes interpretados por los genios Gassman y Tognazzi supone, por un lado, una despiadada radiografía de una sociedad y un momento pero, sobre todo, es un catálogo de pillos, cobardes y supervivientes. La condición humana. Así somos; sobre todo en los países donde la ley es tradicionalmente despreciada. 

Qué lástima que las películas por episodios no estén de moda (en Italia sí fueron populares hace décadas).

Pienso ahora en todos estos jóvenes o no tan jóvenes realizadores que, con no poca petulancia y afanes de shock, dirigen esos cortos cinematográficos en los que su único objetivo es el virtuosismo, el “solo” de guitarra, ese armario que se abre de repente y del que sale corriendo un sardónico esqueleto…

Estos 20 episodios o casi “sketches” de Dino Risi son, por separado, mejores que la mayoría de cortos que he visto nunca. Algunos de ellos son obras maestras que duran dos o tres minutos. Claro que no todos son iguales de buenos, pero quisiera centrarme en dos excepcionales: el primero y el último.

En el primero, “La educación sentimental”, un padre (Tognazzi) enseña a su hijo como ser un perfecto hijo de puta. Por su propio interés: porque le va la vida en ello en una sociedad donde reina la desconfianza. Le hace saber que en esta vida hay que ser listos y rápidos (espabilados, que decimos por aquí) y, si se puede robar, pues se roba, pues “todos lo hacen”: poderosos y humildes, ricos y pobres. Claro que esto significa que el que la hace, a veces la termina pagando...

En el último, “El noble arte”, quizás el mejor de todos y una obra maestra en sus pocos minutos, Risi nos da una lección de supervivencia y crueldad, dignidad y cinismo. Esa historia de un boxeador retirado (Gassman) que es convencido por un representante que no tiene donde caerse muerto (Tognazzi) para que vuelva al ring y se deje el honor y casi la vida sobre la lona. El momento final, con Tognazzi volando la cometa al borde del mar y un Gassman reconvertido en niño o vegetal, que la mira atontado y alegre, alcanza niveles de emoción y patetismo desorbitados.

No nos engañan Risi, Tognazzi y Gassman, ni se engañan a ellos mismos. Aunque sus personajes no dejen de engañar a los demás. 

Hoy (febrero de 2012), con la crisis económica tan aguda que padecemos, y con las continuas y justas quejas por las prácticas vergonzantes de los poderosos en los últimos años, no deberíamos olvidar nuestros propios actos interesados e hipócritas. Nuestros engaños, mezquindades y picaresca. Nuestro lícito afán de supervivencia por encima de dignidades y honores. Risi nos retrataba ya hace medio siglo y su retrato era un sarcástico puñetazo, ni masaje ni caricia. Quedamos a la altura del betún. 

Cuidado contra quién despotricamos. Mirémonos al espejo.