SIEGEL Don (1912-1991)

The Lineup (Contrabando) (1958: 8.0)

Contrabando, un título más transparente que The Lineup (“rueda”, “línea”, “alineación”), es un festín para los cinéfilos.

Un cine (aliteración) muy cinemático: pura acción, puro “behaviour”. Como el de Fuller o Aldrich pero menos complejo. Más, incluso, perfecto. Como el guion milimétrico del muy masculino Stirling Silliphant (mucho antes de sus “catástrofes”).

Sin sentimientos, sin pensamientos, sin reflexión. Sin mucha expresividad. Sin apenas énfasis dramáticos. Los actores-personajes hablan como si no les fuera la vida en ello (y sí les va). Todo resulta tan funcional y diáfano que marca tendencia.

Dicen que le moló mucho al gurú Tarantino para su Pulp. Ese formalismo tan "cool", esos asesinos que hablan de tonterías y luego se cargan a un tipo.

Asesinos: personajes muy interesantes, además. Está Eli Wallach, un psicópata de película. Y su compinche Robert Keith, su mentor, que le da consejos y filosofa, pero que no ha pegado nunca un solo tiro. Curiosa relación entre ambos. Digna de tesis doctorales. Keith se sabe sólo la teoría, no la práctica (al contrario que el intenso Wallach).

Mientras, el director de todo esto, Siegel, lo que se sabe es la práctica. Y no se engaña. Y no engaña. Y creó un estilo casi de la nada. Con imágenes, repito, muy cinéticas o cinemáticas. Necesarias como puñetazos. Por ejemplo, qué persecución tan nítida, tan hermosa en sus precisos movimientos (de rodaje, cortado y pegado). O ese malo (el malo malísimo en silla de ruedas) empujado al abismo. O ese asesinato entre la niebla de la sauna. A ratos, Siegel parecería un Sokurov con pistola y elipsis. Un Godard pre-Godard que se puede ver con la distancia irónica de cualquier Godard. El Bresson del cine de gángsters. Lo que en Bresson es camaradería o misterio, en Siegel es violencia. Y desconfianza en la justicia. Los sobrios policías de Contrabando (para otra tesis doctoral) llegan siempre tarde y no resuelven nada. Hombres tranquilos, no sucios como Harry. 

Un tema para otro día. Las mujeres en el cine de Siegel. Bellos objetos decorativos o hembras amenazadas. O señora “que pasaba por allí”. Habrá excepciones, seguro (la de las mulas con Shirley MacLaine, por ejemplo). En Contrabando aparece una chica. Y como si fuera una actriz de Hitchcock (¿otra tesis doctoral?), lo pasa fatal. La pobre. 

Si no eres hombre, el cine de Siegel es otra cosa, ¿a que sí?