ARNOLD Andrea (1961-_)

Wuthering Heights (Cumbres borrascosas) (2011: 7.0)

Wuthering Heights es una obra feísta, naturalista, original, farragosa, exigente.

Destaco dos frases de la directora británica Andrea Arnold (autora de la excelente Fish Tank) en una entrevista publicada en Fotogramas (abril de 2012, M. Yáñez):

1) “Cumbres borrascosas es una obra llena de violencia y crueldad”.

Elementos que esta adaptación al cine no se ahorra. La violencia de los humanos contra otros humanos (cuestiones de clase social, raza, sexo, ignorancia) o animales. Violencia de la naturaleza: tierra dura, temporales de lluvia, tormentas, barro, pulmonías. Tareas arduas, explotación. Crueldad en las acciones y las palabras. Contra el diferente y el débil. Abismos de bajas pasiones.

2) “Escribo mis guiones pensando que nadie los leerá, que no se convertirán en películas. Así me siento más libre”.

Cumbres borrascosas podría ser una película muda. Las palabras apenas añaden nada. La escritura de la película es casi puramente visual. Obra heterodoxa, nada académica, puede resultar árida si no se está avisado. Un ritmo sensorial, intuitivo, tras los pasos, rostros y movimientos de los personajes. La enérgica y nada compasiva naturaleza.

Fallos (a mi modo de ver). La cámara a veces se mueve y enreda demasiado. Sobran los “flashbacks” y veinte minutos (los últimos cinco o diez son retórica). La estructura está algo desequilibrada. La transición física de la Catherine adolescente (Shannon Beer) a la Catherine adulta (Kaya Scodelario) es abrupta y poco creíble.

Es mejor estar avisados. Estas Cumbres borrascosas se parecen más a algunos pasajes salvajes del cine de Von Trier que a la versión clásica de William Wyler. Su romanticismo es básico, torturado y social; crudo, bruto, sin aliñar con decorados o ambientaciones “de época”. Un cine no fundamentado en la puesta en escena sino en la poderosa inmediatez y la violenta fisicidad de la cámara al hombro. La versión de Andrea Arnold está más próxima a los Dardenne (la cámara nerviosa e inestable que sigue a los personajes) que a cualquier película literaria con (digamos) Juliette Binoche y Ralph Fiennes. Tiene incluso más que ver con la reciente El caballo de Turín (B. Tarr), o con ciertas dinámicas poéticas a contracorriente de un Pasolini, un Pedro Costa (esas paredes, esos claroscuros) o un G. Rocha que con el cine exquisito de James Ivory o el elegante de un Joe Wright.

Ese Heathcliff negro (los actores Solomon Glave y James Howson) antisocial, marginado, maltratado, silente, observador; un hombre enigmático, desconfiado y orgulloso que merodea, que ronda la casa donde habita su amada. Oteando ventanas, luces, sombras, siluetas. Esperando ser, como un vampiro (o el mismísimo Drácula), invitado a pasar al interior. Pero la felicidad es, aquí, imposible.

Por si no ha quedado claro: no, Cumbres borrascosas no es una película bonita.