BORAU José Luis (1929-_)

Hay que matar a B. (Hay que matar a B.) (1973: 7.0)

Hay que matar a B. es una obra sin patria. 

“Película maldita”, según un comentario ya antiguo de Diego GalánPelícula reivindicable, según lectores y críticos que la han visto más recientemente. 

Hay que matar a B. es cine híbrido. Seudo-español, seudo-internacional. Hablada en inglés, pero la tengo que ver doblada al español. Una especie de seudotraducción (concepto utilizado en traducción literaria): film español que hace uso de códigos narrativos y dramáticos del cine americano de género. Con influencia del cine policíaco francés. Estrellas internacionales: Darren McGavin, Stéphane Audran (la atractiva protagonista de El carnicero), Patricia Neal y Burgess Meredith.

La película empieza como El salario del miedo pero luego se interna en el subgénero (muy en boga entonces) de las conspiraciones políticas y los complots. Como en Rififí en la ciudad (Jesús Franco), la película está ambientada en un país sudamericano indeterminado. En época de revueltas. Pero la trama principal es otra. Nos retrotrae a las historias trágicas de supervivencia y fracasados. Amores imposibles, patrias irrecuperables y tipos nacidos para perder.

La película está contada con solidez y pulso y, pese a la sobreactuación (o eso me pareció a mí) de sus intérpretes, consigue mantener el interés durante su hora y media.

Obra triste, lacónicamente desesperada. Elegante aun con su tufillo imitativo y artificioso. No un pastiche (pues se toma demasiado en serio) pero casi. En todo caso, una película rara e, insisto, tan híbrida como aquella adaptación de la novela de Muñoz Molina, Beltenebros, otro thriller coproducido (de Pilar Miró) de conspiraciones. O como Desvío al paraíso, otros de esos híbridos “spanglish” (dirigido por Gerardo Herrero). 

Un cine irregular, interesante y vampírico.