PUDOVKIN Vsevolod (1893-1953)

Mat (La madre) (1926: 7.5)

Rusia y sus madres. Imposible no acordarme de las estremecedoras mamás de Madre e hijo y Aleksandra, ambas de Sokurov. Pero visitemos ahora aquella Unión Soviética que ya era más de Stalin que de Lenin.

Seguro que, objetiva e históricamente, La madre es una obra maestra. Otra cosa es que lo sea para mí. Necesito algo más personal para considerar una película como “maestra”. Mi criterio no se basa en su relevancia ni perfecta construcción. Tiene que llegarme, revolucionarme el corazón o las neuronas; conmoverme, parecerme única e irrepetible. A mí, solo a mí. En este sentido, considero obras maestras ¡Qué verde era mi valle!, Pat Garret & Billy the Kid, El sur o La gran guerra; que son, evidentemente, mucho menos importantes que la obra de Pudovkin. Pero me dicen algo “más”, me tocan de una manera que pocas obras más alcanzan.

Admiro y celebro La madre, película del joven Pudovkin basada muy esquemáticamente en la (para mí, extraordinaria) novela de Gorki. Distingo sus técnicas y soflamas. Asisto con interés a un festival fílmico construido (y no “rodado”, como él mismo defendía) por un virtuoso del cinematógrafo. Que se apuntaba al carro de la Revolución y del “al enemigo, ni agua”. ¿Cuál era la alternativa?

Aplaudo la técnica y el significado. Detecto componentes expresionistas, simbólicos, constructivistas, metafóricos. Y esa fe inquebrantable en el progreso: los edificios modernos, las fábricas e industrias. Fe en esas máquinas que ridiculizaría de inmediato un lúcido Chaplin en Tiempos modernos.

Cómo no extasiarse un poquito ante la potente propaganda de espíritu más contagioso que en el cine de Eisenstein (debido al mayor énfasis de Pudovkin en personajes concretos). En La madre hay individuos protagonistas, de carne y hueso. Algo que, con el apogeo estalinista, ya se consideraría antirrevolucionario. Y están los poderosos caracterizados de manera caricaturesca. Y los trabajadores o "extras" de la película, como masa que camina hacia delante siempre. Pero una masa que necesita carisma, símbolos y líderes. Fascinan los primeros planos de enorme vigor y movimiento. Imágenes como relámpagos, insertos (puños cayendo, agua corriendo, ojos suplicando, hielos flotando) brutales. 

El plano como éxtasis de la construcción cinematográfica. El enlace de los planos y su vínculo inmediato a la galopante música. La madre es una orquestación de imágenes enérgicas y música contagiosa. Un film musical casi tan "fusionado" como la más famosa película (la única que he visto a día de hoy, abril de 2012) de Vertov. 

Personajes que no son masa: la madre que interpreta Vera Baranovskaya. Esos ojos: sufrimiento, culpa, determinación. Ella es la revolución. La Madre Rusia amamantando a sus hijos. Su hijo: el actor Nikolai Batalov (que murió joven), héroe puro y secundario en comparación con su valiosa y metafórica mamá.

No dudo de que La madre sea una obra maestra en la historia del cine. Por mi parte, admitiré que, aunque me ha entretenido y la he (digamos) “comprendido” en sus propósitos, metáforas y estructura, sus afanes resultan, en comparación con películas menos “montadas” y más narrativas que se rodarían poco después (de Chaplin, Murnau o Walsh, por decir tres), demasiado evidentes. El cine de "historias narradas" estaba en un "work in progress". Escribo yo humildemente. 

Afanes, por otro lado, conmovedores; pero desde un punto de vista antirrevolucionario, camaradas.