FLEISCHER Richard (1916-2006)

The Vikings (Los vikingos) (1958: 8.5)

En la sala 6 del Diagonal de Montpellier éramos ocho y nos reímos alegremente con el rudo humor que emanaban los vikingos de Fleischer.

Y la belleza penetraba en la sala oscura, irradiada por una pantalla repleta de colores, con los rigores del movimiento haciendo de las suyas; y de las mías.

Las sutilezas contenidas en The Vikings no son escasas, y hoy sorprenden por su ternura y dedicación y porque el horno está para pocos bollos de verdadera, accesible y crujiente entidad. Cómo los ojos del rey siguen y ya adivinan la traición de su nunca amada amada, cómo y cuánto pelean el magnífico Kirk Douglas con su ojo de cristal y el andrógino Tony Curtis, tullido en su mano izquierda.

La fiereza de los vikingos no era menor, según la película, que las crueldades de los ingleses; pero el honor y la bravura escandinavos caen en la retina y la espesura del alma (así lo escribo en frío) con mayor aplomo y justicia. Por dos veces T. Curtis le ofrece la espada al rey vikingo, Borgnine primero y luego Douglas, para que muera con la dignidad del guerrero: luchando, no humillado.

En la sala 6 éramos ocho y ocho salimos con vida y espada, aunque, ya en el exterior, se impusiera la máxima inglesa (menos francesa), vaya vigor, de que en caso de duda, la más tetuda, no así Janet Leigh.