AUGUST Bille (1948-_)

Les misérables (Los miserables. La leyenda nunca muere) (1998: 7.0)

Los miserables. La leyenda nunca muere es el tonto título español de la apreciable película del trotamundos Bille August a partir de la célebre novela de Victor Hugo (1862).

La película, narrada con brío, oficio y obvio afán comercial, no es un prodigio de sutilezas ni una afirmación de estilo alguno. August, tras sus excelentes, sobrias pero emocionantes Pelle el conquistador y Las mejores intenciones, se especializó en coproducciones de lujo y perdió buena parte de su paciencia y rigor como director de cine. 

Por el lado positivo, Los miserables no aburre en ningún momento e incluye un duelo interpretativo de alto voltaje entre Liam Neeson y el fantástico Geoffrey Rush. La escena final en la que ambos se enfrentan y redimen a la orilla del Sena es extraordinaria.

Traiciones, amores, rivalidades, camaradería, miseria, pasiones, niños hambrientos, monjas, prostitutas, revolucionarios, soldados, policías. La injusticia, la ley, el orden, la libertad, la opresión, los conflictos de intereses, las prioridades. Todos los grandes temas que nos conciernen tienen cabida en Los miserables. Una obra-universo.  

Y, por encima de todo eso, planean los dos personajes principales (al menos, en la película), el presidiario perpetuo y torturado Valjean (Neeson) y el no menos obsesionado policía Javert (Rush). Polos opuestos: dos tipos formidables. Acaso ambos se necesitaran (nos lo explicó Shyamalan en El protegido) tanto como la vida a la muerte, el rayo al trueno, Mourinho a Guardiola.

(Homenaje) En el día de su marcha del Barça. Su alucinante fútbol de autor. Un cruce imposible de Godard, Hitchcock y Ford.

Forever Pep.