ZUCKER Jerry (1950-_) / ABRAHAMS Jim (1944-_)

Airplane! (Aterriza como puedas) (1980: 7.5)

El otro día por la calle Preciados de Madrid un chico muy serio (con pinta de Hare Krishna) me paró y, señalando con el dedo hacia la acera, me dijo: “Se te ha caído una sonrisa”.

Si esto hubiese sido un gag con Leslie Nielsen o Lloyd Bridges, la respuesta a tan amanerado atrevimiento habría sido un puñetazo.

Aterriza como puedas es desternillante, por momentos, superando en hilaridad a las decenas de secuelas que siguieron durante los ochenta y noventa. Difícilmente una película habrá incluido más parodias (a veces sketches de unos pocos segundos) de otras. Son innumerables y, casi todas, graciosas. 

En su crítica sobre la última novela de Eduardo Mendoza (Babelia, mayo de 2012), Jordi Gracia se pregunta: “¿Es alta literatura? Ah, bueno, no, no lo es: es un divertimento que se presenta como divertimento y no quiero ser otra cosa”.

¿Hay algo de malo en querer divertir a la gente?

No, no hay nada malo. Otra cosa es conseguirlo, por supuesto.

Aterriza como puedas, vista más de treinta años después de su estreno, sigue divirtiendo. Me producen especialmente gracia esos momentos en los que, en una época pre-políticamente correcta, tipos como Abrahams y los Zucker (Jerry y David) ya se atrevían a meter mano a las instituciones, convenciones, religiones, cursilerías y, en general, a la gente pesada. Un poco en paralelo a lo que hacían desde Gran Bretaña los Monty Python. Si bien los americanos eran más “light” (pero mejores cineastas) y los británicos más ambiciosos, ambos compartían unas ganas locas por sacudirse de encima a los solemnes, sectarios y ñoños. Y a los tiranos.

Instantes gloriosos: el abofeteo en cadena de una pasajera histérica, el ahorcamiento de la viejecita que no soporta los cuentos chinos del héroe o el tipo que se abre paso a puñetazos por el aeropuerto para llegar a la cabina de control. Y un largo etcétera. Suponen un viento fresco contra las excesivas ínfulas, la mala leche (tan española) y los cines forzosamente “globalizados”.