ALLEN Woody (1935-_)

Bullets over Broadway (Balas sobre Broadway) (1994: 8.0)

MATONES. Años de revitalización del cine de gángsters por los grandes del cine americano. El Padrino. Parte III y Atrapado por su pasado, Uno de los nuestros y Casino, Una historia del Bronx y HeatReservoir Dogs y Pulp Fiction, Bartin Fink y Muerte entre las flores.

Aún no había llegado la parodia de Una terapia peligrosa.

Balas sobre Broadway es la aportación de Woody Allen. Y está a medio camino entre la pantomima y la gravedad, la ligereza vital y la brutalidad de la sangre. En este sentido, el estupendo personaje de Chazz Palminteri humaniza al gángster a la vez que ridiculiza al artista. ¡Menos ínfulas, autor!

CUERPO PRESENTE. El crítico, cualquier crítico (incluso el amateur o diletante), ha de ser sincero. Venga: prefiero ver a Woody Allen en las películas que dirige Woody Allen.

Una corriente de opinión es que Allen es más generoso y humano, menos ególatra, cuando escribe papeles para otros. Cuando desaparece de escena, en carne, y se queda solamente en espíritu. Cuando, en suma, deja que otro actor, un "alter-ego", haga de Allen, por así decirse. En Balas sobre Broadway es John Cusack el que interpreta el papel que, de manera natural, podría haber interpretado un Allen más joven y hambriento.

Yo, en cambio, suelo preferir que el Allen actor esté presente: aunque sólo sea para decir tres aforismos. Su narcisismo y manías, su humor, cinismo y obsesiones, están mejor materializados si es él mismo quien se expone, quien propone y, en carne y espíritu, desarrolla su papel de cara al público, frente a la cámara (y no sólo detrás de la misma).

PERFECCIÓN. Posiblemente el guión de Balas sobre Broadway (escrito con Douglas McGrath, que no es ningún genio) sea uno de los más brillantes, equilibrados y acabados de toda su carrera. La película es un prodigio de fluidez (formal y verbal), fusionando drama y comedia, ligereza y profundidad con modélicos matices.

Y, sin embargo, no es el Woody que a mí me gusta más, ni el que más me llena. Me inclino por otro más imperfecto, irregular y entregado a sí mismo; otro más absurdo, provocador y fluctuante. Por no salir de esos años, prefiero Misterioso asesinato en Manhattan: más hilarante, más intrépida, menos “clásica”.

OBRA MAESTRA. En su artículo “¿Qué es una obra maestra?”, José Emilio Burucúa (Babelia, mayo de 2012) señala las condiciones que habría de cumplir toda obra maestra de las artes. La primera sería la siguiente:

 

Ser producto de una destreza técnica y estética llevada a su punto culminante, ubicado siempre entre el polo del ascetismo y de la escasez de medios que consigue crear un mundo complejo de significados, y el polo de la alta densidad de recursos y formas que logran comunicarnos una verdad simple y fundamental no percibida hasta entonces.

 

Bullets sobre Broadway podría ser, en efecto, una obra maestra. No digo que no. Pero no.