JARMUSCH Jim (1953-_)

Dead Man (Dead man) (1995: 5.5)

Los primeros quince minutos de Dead Man son prodigiosos. Nos instalamos en un melancólico tren, disfrutamos con los títulos de crédito y escuchamos los primeros acordes de guitarra de Neil Young. La llegada al poblado del antihéroe, William Blake (Johnny Depp), que espera comenzar su empleo como contable. La escena con la chica y el estallido de violencia. El contable se convierte en forajido de leyenda.

El problema viene después: el director quiere colocarse a toda costa (como en una paródica españolada) Al Este del Oeste. Pues un western de Jarmusch había de ser “cool”, independiente y metafórico, lo entendemos; sin embargo, al contrario que en la genial Ghost Dog, Jarmusch no logra dar con la tecla del misterio, el suspense, la pasión. Así, la esquemática persecución entre la nieve, los bosques y las hogueras nocturnas no tiene gran interés. Y están esos esforzados instantes desmitificadores. Y los cansinos símbolos, por aquí y allá. Además, la amistad de Blake con el indio llamado Nobody o Nadie (Gary Farmer) tampoco va a ningún sitio.

En suma, a Jarmusch se le acaba pronto el carrete narrativo pero, aún así, decide estirar el chicle atmosférico y estilístico hasta las dos horas. Un error: con 75 u 80 minutos Dead Man habría sido una película notable.

El problema de Jarmusch, a mi modo de ver, es que se fió en exceso de su intuición estilística: el laconismo dramatismo, la ausencia de emociones, la elegancia compositiva, los secos estallidos de violencia (¿influencia de Pulp Fiction, de un año antes?), las conversaciones absurdas y existencialistas, como si Samuel Beckett hubiese escrito el guión.

A veces no basta con el estilo, con la insistencia estética. Hace falta un poquito más de musculatura narrativa, de conflicto auténtico. A Dead Man le sobran (como en algún libro de Paul Auster) dosis de abstracción y minimalismo dramático. Nos deja imágenes bellas y sorprendentes pero el resultado final es más hueco que sólido. Es un plato para gourmets pero carece de sustancia, de pegada, de intensidad.