DARABONT Frank (1959-_)

The Shawshank Redemption (Cadena perpetua) (1994: 9.5)

Cadena perpetua es una obra noble y poderosa que ya es un clásico como los mayores clásicos. Una de las mejores películas de los años noventa. 

Película humana y humanista sobre la paciencia y la esperanza: eso último que no se pierde. No la esperanza abstracta; no la esperanza resistente, pasiva o quejumbrosa. La esperanza pragmática a largo plazo: la esperanza acompañada por un proyecto, un plan. Un plan de fuga de la terrorífica cárcel de Shawshank.

Película que desmiente el dictamen de Stefan Zweig en su primera pieza de Momentos estelares de la humanidad (versión española de de Berta V. Mahou), dedicada a Cicerón:

 

Pero en la Historia se repite sin cesar la tragedia del hombre de espíritu que, en el momento decisivo, incómodo en su fuero interno por la responsabilidad, rara vez se convierte en un hombre de acción.

 

"Rara vez" no significa nunca. Al preso Andy Dufresne (estupendo Tim Robbins), un falso culpable como los de Hitchcock, tras penar en prisión durante veinte años (humildad, tesón, palizas y trabajos), no le tiembla el pulso cuando llega el momento decisivo. Su huida de la cárcel. El hombre de las matemáticas, el ajedrez y la biblioteca, el contable y el profesor, el enamorado de Rita Hayworth, Marilyn Monroe y Raquel Welch, se convierte en un hombre de acción. Un hombre que sabe lo que hace.

Cadena perpetua es una historia hermosísima, dura y violenta sobre la brutalidad y corrupción carcelarias, la camaradería y la necesidad de no perder la dignidad ni en los momentos más bajos. La película nos instruye sobre las rutinas vitales que van construyendo el significado de una vida.

Cadena perpetua contiene un buen puñado de planos humanamente sublimes: remedando a Zweig, momentos estelares de la historia del cine. Como esos rostros de los prisioneros saboreando la fulgurante aparición de Gilda en pantalla. Como cuando la música de ópera invade la prisión entera, y los reclusos se quedan anonadados en el patio, no sabiendo si sueñan o si de verdad eso está pasando. Instantes de cine divino: de Divinidad.

Y mi momento preferido: gracias a la destreza bancaria de Dufresne (a la que, a la larga, sacaría tanto partido), sus amigos de prisión son obsequiados con cervezas; y los vemos bebiendo, relajados, en lo alto del tejado, bajo un cielo azul y un sol precioso. Ahí palpan y palpamos, pese a todas las penurias, la felicidad del instante elocuente, compartido y generoso.

E imposible no mencionar el reencuentro final de los protagonistas, Dufresne y Red (un extraordinario Morgan Freeman), en la playa. Los vemos a lo lejos: Darabont les regala un momento glorioso de modesta intimidad que no ha de ser perturbada. Un final con ecos de Casablanca (el irónico inicio de una gran amistad) y Blade Runner: a los dos amigos les queda la vida por delante. La vida: que siempre es lo que queda de vida.

Epílogo. Leo en la revista XL Semanal (junio de 2012) que Cadena perpetua es la película favorita de mi jugador favorito, el gran Xavi Hernández. También leo que de sus padres aprendió “humildad, ser honesto”. Y su deseo es: “ser feliz”. Amén a todo eso.