ALMODÓVAR Pedro (1949-_)

Carne trémula (Carne trémula) (1997: 7.0)

Pedro Almodóvar en su laberinto o transición de los años noventa. Tras las rupturas, desahogos y diversiones de los ochenta. A la espera de mayores profundidades en el siglo XXI, partiendo deTodo sobre mi madre.

Carne trémula dista de ser una película redonda pero ¿alguna de Almodóvar “realmente” lo es? Parece otra obra hecha de fragmentos, visiones, ocurrencias. No hay fusión de elementos sino “collage”. No hay mezcla sino acumulación de componentes diversos. 

Del cine negro a la tragedia griega, del melodrama pasional a la picaresca. Pasando por el cine carnal de un Brass o un Bigas Luna. Su brillante final bebe tanto del primer Pasolini de los arrabales como del Siodmak de El abrazo de la muerte. Es menos convincente que chocante y espectacular. 

Se incluyen aspectos de la cultura popular, como el deporte: el fútbol (que une a los enemigos y separa a los amigos), las Olimpiadas de Barcelona y el baloncesto.

Se hace referencia al inicio del “boom” inmobiliario y los cambios arquitectónicos en Madrid: esas altas torres de las que parece enamorarse la cámara de Almodóvar.

Y se deja un espacio para lo que, en educación, se llaman los temas transversales. La integración social, la reinserción de los presidiarios, los minusválidos, la prostitución, las casas de acogida, la democracia… Esa voz final (tan forzada como auténtica) que nos dice que en España, en los años noventa, ya nadie tenía miedo... Almodóvar, sinónimo de la democracia española. Autoproclamación seguramente justa, no digo que no. 

Carne trémula es una obra de enorme ambición temática que, curiosamente, contiene menos “tics” autorales que de costumbre. Nada está del todo conseguido pero todo es sugerente. El resultado global es tan atractivo como afectado y postizo. Incluso para Almodóvar.