MEDEM Julio (1958-_)

Tierra (Tierra) (1995: 8.0)

Medem: a medio camino entre el astronauta, el poeta y el agricultor y lejanamente inspirado en el drama español de autor, el de Saura y Erice.

Medem, lanzado al cósmico espacio cinematográfico a través del suspense de Hitchcock y el trascendentalismo de Tarkovsky, en Tierra esboza algo así como un thriller metafísico, un remake marciano, paranormal y relativista del Teorema de Pasolini.

Incluyendo: controladores de plagas y machos brutales, ganaderos y gitanos, música tecno y ruido de tractores, vino y lágrimas, un bombón en moto y un anciano suicida, escenas de sexo y diálogos crípticos, fantasmas y jugadores de billar. 

Con todo el morro. Con una seguridad y un talento a prueba de bombas.

Medem, un insólito cineasta español que se nos ha ido enclaustrando y apagando como una “candle in the wind”, que diría Elton John, parió en los años noventa tres obras absolutamente originales y admirables: Vacas, La ardilla roja y Tierra, además de un melodrama, Los amantes del Círculo Polar, que a algunos ya nos gusta menos por su tendencia a la cursilería de altura y por su despegue de la santa tierra, dejando atrás a vacas, ardillas y cochinillas. Por desgracia.

Medem, tan desatado como cerebral, tan subjetivo como subjuntivo, nos deja en Tierra un montón de instantes de grandiosa plasticidad, de fascinante verbo y de físicas y psíquicas calidades.

Tierra la protagoniza el gran Carmelo Gómez, un tipo con complexión de actor búlgaro de los años setenta, rodeado de habituales y menos habituales de Julio Medem: Emma Suárez y Silke (otra vela en el viento…); Karra Elejalde, Txema Blasco y Nancho Novo. Todos en su punto. 

Película excéntrica y poderosa sobre un hombre con trastorno de personalidad enamorado de dos mujeres e incapaz de elegir una. Medem juega con el paisaje interno y externo, los seres y los estares, la realidad y el deseo, los tiempos y los espacios. Nos regala, a la postre, una obra que puede resultar tan irritante como extraordinaria, tan pedante como sugerente.

Uno, que no era fan de esta película a mediados de los noventa, ha vuelto a verla en julio de 2012 y se alista a las segundas opciones de los citados pares. Es decir: me apunto a lo extraordinario, a lo sugerente.

Inimitable Medem. Uno de los grandes directores de los años noventa.