EASTWOOD Clint (1930-_)

Absolute Power (Poder absoluto) (1997: 8.5)

La primera media hora de Poder absoluto es soberbia. 

El museo, Clint con gorro, el robo en la mansión, la sorpresa de verse sorprendido, la sorpresa de presenciar un asesinato con un implicado de lujo, la huida, la persecución.

¿Película menor de Eastwood? Por supuesto, y a mucha honra. Estas supuestas obras menores del gran Clint, filmes como Ejecución inminenteDeuda de sangre o Poder absoluto, no están al alcance de cualquiera. Clint se basa sin prejuicios en un libro de éxito, normalmente un thriller, y lo amolda a su personalidad, dotándole de un aura moral y reflexiva.

En Poder absoluto la relación padre-hija es tan hermosa como sutil: Clint entrando como un ladrón en la casa de su hija, Clint dibujándola con tímido amor.

Poder absoluto es una película sobre la traición, la verdad, la impunidad y los poderes absolutos: los que podrían conducirnos al absolutismo (democrático, eso sí). Una obra turbia, emocionante, con humor, intriga y acción, que sólo se ve desmerecida en algunos instantes debido a ciertas inconsistencias del guión (o de la novela de Baldacci).

Lo demás es puro Eastwood, rodeado de actores estupendos como Gene Hackman y Ed Harris, además de Laura Linney, Scott Glen y una Judy Davis que se marca un baile de lo más tenso y divertido con el hombre más poderoso de los EEUU. 

El Presidente del Mundo.