ABSA Moussa Sene (1958-_)

Madame Brouette (Madame Brouette) (2003: 7.0)

Cine senegalés hablado en francés. Película limpia, abierta, de colores y sabores, de música que puntea las inclemencias de la vida, que en ningún lugar es fácil para la mujer, pero aún menos en África. La maravillosa Rokhaya Niang, en su papel como Mati, deja a la altura del betún a la narcisista pija de Amélie, de la que parece reírse, o eso he creído adivinar.

Moussa Sene Absa es el autor de esta linda obra que infunde ánimos vitales. Este hombre, director de cine, pintor, escritor y músico, logra (gracias al apoyo canadiense en medios técnicos y producción) que sonriamos, que tarareemos, que silbemos y sigamos las andanzas de Mati, que quiere encontrar su lugar sentimental y laboral en el mundo. Nada menos que ser feliz, eso anhela la buena de Mati, mientras que Naago (Aboubacar Sadikh Bâ), el policía encantador que la conquista, termina siendo un corrupto playboy, a la caza de todo negocio sucio o falda que se mueva.

Madame Brouette no es una obra excelsa, pero transmite libertad, optimismo y curiosidad por cómo es la vida en una parte de este planeta, en una zona de Senegal. Bien atada a su guión, con interludios musicales, Madame Brouette es una película liviana y agradable con la que todo el mundo podría “conectar”... Si sólo se nos diera la oportunidad de ver cine no estadounidense, de vez en cuando. ¿Por qué TVE (mejor olvidarse de las soeces cadenas privadas) no programa ciclos de cine africano o australiano o indio? Cerremos los ojos al mundo: enhorabuena, erario público.

Absa dice en una entrevista en el DVD (cortesía de la Alianza Francesa) que no pretende divertir a la gente, sino... transformarla. El papel del creador en una sociedad es provocar, denunciar (y nombra a Zola, V. Hugo, Voltaire). Si el cine nos refleja, quizá podamos cambiar. Si lo que nos muestra es catástrofe, apocalipsis y héroes sin neuronas (esta noche, en TVE1, El fin de los días, con Arnold...), entonces no podremos protestar si nos volvemos gilipollas o “team-leaders”. Así de simple.

Y añade, en la entrevista, que le encanta la puesta en escena, pero que, por desgracia, la televisión nos ha acostumbrado al plano-contraplano y a los planos sin profundidad ni matices, cuestiones que, en sus palabras, “destruyen la escritura cinematográfica”. Y admite, y se nota, que le encanta el plano-secuencia, la continuidad, que se mueva la gente y que ocurran cosas. La cámara sólo se moverá cuando sea pertinente.

¡Qué gozada disfrutar de tales palabras e imágenes! Aquí, sale un director comentando con toda naturalidad estos asuntos y le tachan, como poco, de pretencioso, de imbécil, de intelectual. Seamos gilipollas.