FORD John (1894-1973)

The Grapes of Wrath (Las uvas de la ira) (1940: 10.0)

¿John Ford, fascista?

 

Mientras Ford adaptaba al cine la novela de Steinbeck Las uvas de la ira, en 1940, Augusto Genina rodaba entre Italia y Toledo Sin novedad en el Alcázar: compárense.

 

¿Reaccionario, Ford?

 

Véase la modesta, reciente y brillante Pequeña Miss Sunshine, una de las más agudas películas norteamericanas de los últimos años, “remake” consciente o impostado de The Grapes of Wrath y obvio ejemplo de izquierdismo “à la americaine”, es decir, fresco y liberal.

 

¿Los EEUU, modelo de democracia y progreso, de civismo y libertad?

 

Acaso del tal llamado progreso sí lo sea: el progreso que, en tantas ocasiones, deja de lado al ser humano, arrollado (él, su familia, su casa, su tierra, sus esperanzas y satisfacciones) por el tractor o el matón con rifle, el petróleo, el pantano o la piscina, la codicia y las subcontratas, la ideología del beneficio, la engañosa publicidad y la ley del disparo, por no hablar de la ley del más fuerte.

 

¿De derechas, Ford?

 

Quizás. Pero será la derecha sobriamente sentimental, tímidamente cristiana y políticamente decente: justa, ecuánime, humanista.

 

¿Sueño americano, “melting pot”, tierra de las oportunidades, la felicidad del individuo como divisa incorruptible…?

 

Para el carro. Ingenuidades muy bien vendidas. Nada de eso vemos ni presagiamos en Las uvas de la ira, sino más bien un infierno en la Tierra, un constante tobogán de esfuerzos incomprendidos y brutalidad laboral. Aunque tal malentendido llega hasta nuestros días, por ejemplo con nuestros liberales españoles, amantes acríticos del modelo americano; así por ejemplo leo en ABC (agosto de 2008) cómo el señor Ramón Pérez-Maura titula un artículo “¡Qué gran democracia!” (sobre la interminable e insoportable campaña electoral norteamericana); el objetivo del texto, como no podía ser de otro modo, es esencialmente desprestigiar al candidato demócrata Barack Obama con palabras como éstas: “…quien aspiraba a… convertirse en presidente de los Estados Unidos no aporta para pretender el cargo un historial militar; ni un currículo como hombre de negocios, ni ha sido nunca gobernador de un Estado de la Unión”.

 

Como se ve, el “brainwashing” hollywoodiense parece haber hecho mella en las mentes de nuestros hombres de la derecha española; así que los méritos principales para ser el presidente de los EEUU (un país gobernado en los últimos años por un ignorante cowboy) habrían de ser bien el haberse enriquecido, haber participado en muchas guerras o, en su defecto, haber sido, como esa cumbre de la sutileza política llamada Schwarzenegger, gobernador de algún estado. ¿Son éstas las ideas de “meritocracia”, convivencia y gran política que deberíamos enseñar a nuestros nenes…? Mucho me temo que buena parte de los colegios y universidades privadas españoles observan ya desde hace decenios esta línea de actuación… 

 

(Acabo de volver de vacaciones de Estocolmo, una ciudad casi perfecta, cívica, simpática, acogedora, limpia, tolerante, solidaria y moderna: ¿no debería ser Suecia nuestro modelo y no el país donde mueren asesinadas cada día por arma de fuego más de 80 personas?)

 

Las uvas de la ira: odisea de pesadilla, kafkiana pero colectiva, que narra con vibrante vigor y extraordinario calibre dramático el John Ford más valiente, expresivo y alerta, aquel acaso menos relajado y que veía más sombras que luces.

 

Gloriosa Jane Darnell como la Mamá Joad. Inquietante John Carradine como Casy. Estupenda adaptación de Nunnally Johnson. Acertada labor de Gregg Toland en una fotografía poética, tenebrosa y pura. Esbelto en su papel, como casi siempre, Henry Fonda.

 

Una película que es un monumento de cine y compromiso, de cine a favor de las causas perdidas, de cine en el lado de los débiles, los masacrados por los variados dioses incompetentes: la avaricia de los poderosos, la falta de compañerismo, el anteponer los réditos económicos a las personas de carne y hueso. Película de toma de conciencia: la América más osada pero más terrible, la más atenta, la más libertaria y juiciosa, la más brava “melting pot”.