ARANDA Vicente (1926-_)

Amantes (Amantes) (1991: 9.0)

Recupero unas palabras que en torno al cine español escribió Antonio Muñoz Molina en un artículo (“El túnel del pasado”) de hace más de un año en Babelia (septiembre de 2011):

 

Hay películas de un juvenilismo tan extremo que roza la lobotomía, o bien que suceden en una posguerra entre tenebrosa e idílica, en la que siempre hay niños sobrecogidos y callados y adultos que murmuran a causa de su condición de vencidos o que exhiben con grotesca simpleza su condición de vencedores. Entre el país de unas películas y el de las otras parece que no hubiera ninguna conexión.

 

Vicente Aranda, en la extraordinaria Amantes, evita todas esas tentaciones, tonterías o flojeras. Su drama trágico, jugoso y elegante, que sí trascurre en la posguerra (años cincuenta), no se centra en los conflictos o humillaciones de vencedores y vencidos ni, por suerte, aparecen niños ensimismados en pantalla.

Aranda, con pasmosa precisión, sobrecogedores primeros planos e imágenes que no se olvidan, se interesa por un triángulo sentimental en el que, como siempre ocurre, uno de los tres ha de salir perdiendo. La resolución de Viridiana fue una cruel broma: tres no pueden vivir felices y comer perdices.

Las dos actrices en liza, Maribel Verdú y Victoria Abril, componen personajes memorables, mientras que Jorge Sanz consigue hacer del mejor Jorge Sanz (esa mezcla de dulzura, fragilidad e indiferencia) en la cima de su carrera como actor. 

Siento remordimientos en este octubre de 2012. Hacía mucho tiempo que no retornaba al cine de Vicente Aranda, demasiado tiempo que no veía Amantes. El talento de este director para construir y dar vida a un argumento impecable en el que ni falta ni sobra un solo plano (tampoco de desnudos, no) es considerable: posiblemente sea Amantes su más alta cumbre cinematográfica, pero habrá que seguir descubriendo o revisando su cine.

Tres momentos y escenas, a mi modo de ver, sobresalen dentro del sólido y brillante conjunto. La primera escena de cama entre Victoria Abril y Jorge Sanza, y lo que ella hace con un pañuelo. Lo que ocurre, ya muy cerca del final, sobre un banco gélido y rodeado de nieve (con la catedral al fondo), y bajo un abrigo desplegado, entre Maribel Verdú y Jorge Sanz. Y, sobre todo, el momento último en la estación, las manos rojas de J. Sanz colocadas sobre la ventanilla del compartimento donde está V. Abril. Imposible que Vicente Aranda no tuviese a Shakespeare y su McBeth como inspiración.

Pienso en otros triángulos amorosos en el cine de esos primeros años noventa: Días salvajes, El cielo protector, AliceNoche y día, Cuento de invierno, HeridaEl nacimiento del amor. Seamos patriotas, por una vez: Amantes es superior a todas estas estupendas películas, a las que adelanta por la derecha o izquierda gracias a un perfecto equilibrio entre lo que muestra y lo que sugiere, lo que dice y lo que calla. Gracias a su seriedad, sensualidad y alcance trágico. 

Drama adulto, erótico, tristísimo y magistral, Amantes es una de las mejores películas españolas de los últimos treinta años. Qué placer de obra, y qué tristeza.