ALLEN Woody (1935-_)

Deconstructing Harry (Desmontando a Harry) (1997: 7.5)

Tras pasar su primera noche de amor con la señora de Rênal, Julian Sorel, el protagonista del clásico de Stendhal Rojo y negro, observa decepcionado:

 

¡Dios mio! Ser feliz, ser amado, ¿no es más que esto?

 

Pues eso parece: no es más que eso. Woody Allen lo sabe bien, como también sabe que lo opuesto es aún peor: no ser feliz, no ser amado. Sus desencuentros amorosos en Desmontando en Harry son continuos y patéticos. Las riñas, los adulterios, las jovencitas y las putas conviven en una vida entretenida pero desastrada. La trama parece una relectura cachonda e iconoclasta de Harry el sucio.

También leo en Rojo y negro esta opinión sobre los salones de París en el siglo XIX: “Son la patria del bostezo y del razonamiento triste”. Nada más contrario al arte cinematográfico de Woody Allen. Imposible bostezar. Todos los razonamientos son punzantes, ingeniosos, inmisericordes. Los salones de Woody Allen son de la segunda mitad del siglo XX; y en ellos se habla, como en Rojo y negro, de la vida, la política, el amor y la muerte, pero también de Freud y Kafka, de Hitler, Clinton y el Demonio.

Deconstructing Harry es una intensa y juguetona película de Woody Allen. El Allen menos relajado, más fragmentario y original (el hombre desenfocado), más episódico, abriendo en canal las ficciones para introducir sueños, pesadillas y aún más ficciones. Por momentos me acuerdo de algún cine francés: retazos de Rohmer, Godard, Chabrol, incluso Deville (La lectora, tan sexy). Las imágenes no se están quietas y saltan con informalidad y descreimiento; la fluidez de otras obras más alegres da paso al escorzo inquietante, la catástrofe sentimental, la intuición genial (“Es benigno”), las construcciones surrealistas (el infierno de Allen, la muerte con su guadaña).

No es el Allen que yo prefiero, no. Pero a su favor diremos que a este cine nunca se le podría acusar de “falta de pensamiento”, como le responde un conde de Altamira a Julian Sorel durante un “hermoso baile” en uno de esos salones aristócratas y parisinos de la primera mitad del siglo XIX. 

¿Hay algo mejor, pues, que ser feliz y ser amado?

Para el ego del artista, sí que lo hay, sin duda: ¡ser deconstruido!

PD. Primera película que veo "streaming", pagando 1,95 euros en la página www.filmin.es. Noviembre de 2012. Enhorabuena.