BENIGNI Roberto (1952-_)

La vita è bella (La vida es bella) (1997: 9.5)

La vida es bella es una de las películas más bellas, graciosas e inspiradoras que recuerdo. Repleta de momentos imperecederos. Una película con aura. Indestructible a modas veloces, comentadores grises e ingratos desalientos.

Música inolvidable de Nicola Piovani. El fantástico niño Giosué, el joven actor Giorgio Cantarini, que ve a su padre desfilar, imitando y burlándose de los malos: aquellos horribles nazis. El niño Giosué, que espera un tanque como premio a su persistente juego. Y que ganará la partida, y nosotros con él. Y su mamá Dora (Nicoletta Braschi), que se enamoró de un simpático bufón que parecía un mago.

Por encima de todos, Roberto Benigni, que convirtió los panes en peces y el agua en vino. Grandioso actor, mago y bufón; y un director tocado por una varita mágica. La comedia, la parodia, la risa, la contenida lágrima. La ilusión, la fantasía, el tributo a la ficción; el fresco desacato a la autoridad, el conmovedor optimismo. Y la grandeza de la bondad inverosímil, frente a la rigidez inhumana de las bestias y su totalitarismo asesino. 

¿Sonó la flauta? ¿Unión de factores que altera el producto? ¿El sueño de una noche de verano? ¿Menoscabo (uno más) de la teoría del “auteur”? Y qué más da. La película es inmortal (pese a críticos pellejeros) y conmoverá a aquellos menos ideologizados y menos quejicas; a aquellos más sensibles o más endurecidos por las circunstancias.

En resumen, es una obra divertidísima y tierna (y elegante y pudorosa), fábula fabulosa y metáfora eterna que se enfrenta, con irresistible humor, a la barbarie de los dogmatismos, los uniformes, la intolerancia, la brutalidad y el crimen. Contra la crueldad colectiva y los holocaustos.

A favor de la felicidad y el útil sacrificio, del amor y en defensa de la vida humana. Película universal y una de mis favoritas de los últimos veinticinco años. Escribo en la madrugada del 1 de enero de 2013. Feliz año.