GARCI José Luis (1944-_)

Canción de cuna (Canción de cuna) (1994: 8.5)

En Armas, mujeres y relojes suizos, Eduardo Torres-Dulce escribió que Canción de cuna es “una obra maestra”, fabricada con “elementos tan delicados como el tiempo y la luz, como un cuadro de Vermeer, Rembrandt o Velázquez”.

No he logrado que me parezca una obra maestra (esto es enteramente subjetivo: hay que sentirlo), pero sí estoy de acuerdo en que es buenísima. Aunque consiguió premios en España y fuera, que no le dieran el Goya a la mejor película en aquel año resulta más que discutible (habrá que revisar Días contados).

En un tipo de cine escasamente apreciado hoy día (escribo en enero de 2013). No hay más que mirar la puntuación que le conceden a Canción de cuna los usuarios de páginas web como Intenet Movie Data Base (una media de 6,2) o Filmaffinity (un promedio de 5,4). Espectadores no únicamente jóvenes, como podría pensarse; es evidente que no está generalmente bien visto admirar (o emocionarse con) el cine de Garci. Queda uno como un anticuado, un rancio, un cursi; y no entiendo muy bien por qué. O sí: tengamos en cuenta que del mismo año que Canción de cuna son cintas muy famosas, y que marcaron tendencia, como Pulp Fiction, Chungking Express, Asesinos natos, El profesionalEntrevista con el vampiro o El gran salto. Nada que ver.

Espléndidamente fotografiada, iluminada e interpretada (Fiorella Faltoyano está excepcional), Canción de cuna apenas cuenta una anécdota prolongada a lo largo de los años, los silencios y las elipsis. Casi no hay conflicto aparente, explícito. Todo es tan sutil que a veces se diría impresionista en exceso (y éste podría ser un reparo). El espectador ha de trabajar, involucrarse, imaginar lo que Garci (sin ninguna prisa, con toda la pausa) no nos deja vislumbrar entre las sombras del convento. 

Hay momentos extraordinarios. Además del mítico (o debería ser mítico, si no lo es), al final, cuando Carmelo Gómez les pide a las monjas que muestren sus rostros, me quedo con el instante en que Fiorella Faltoyano y Alfredo Landa, en su despedida y, a la vez, culminación de una historia de amor imposible, se dan la mano a través de las rejas.

Cine pudoroso, pictórico, delicado y armónico de gran altura. No apto para todos los públicos, por desgracia.