ALLEN Woody (1935-_)

Everyone Says I Love You (Todos dicen I Love You) (1996: 8.0)

Woody Allen, el musical y la comedia romántica. Y el clasicismo: su armonía de planos y escenas, su equilibrio narrativo. Me acuerdo, entre otras, de Ellos y ellas (de Mankiewicz). Un Allen menos perspicaz pero inmensamente feliz y emotivo.

Cómo no ponernos alegres mientras vemos el baile final de Allen y Goldie Hawn al lado del río: ella incluso vuela como Mary Poppins. Son licencias del musical (género tan mágico y permisivo) y licencias del propio Woody Allen, siempre aficionado a romper la narración convencional de alguna manera.

Cómo no reírse cuando el personaje de Allen dice que, de joven, dudaba entre ser escritor y psicoanalista y, queriendo ser ambos, ha terminado por convertirse en escritor y… paciente.

Cómo no carcajearse cuando Alan Alda descubre que su joven hijo, que lleva un tiempo con ideas retrógradas en la cabeza, en realidad tenía una vena obstruida que impedía que el oxígeno le llegase al cerebro…

Cómo no reírse, una vez más, con el personaje de Tim Roth, el expresidiario, a quien el buenismo de la demócrata Hawn quiere recuperar para la sociedad… incluso a riesgo de que el antiguo convicto se enrolle con su hija (Drew Barrymore)… y vuelva a delinquir.

Cómo no admirarse ante algunos números musicales, como el magnífico del hospital, de tan complicada sincronización.

Un Woody Allen que, en los noventa, ya anunciaba la ahora tan criticada “vena turística” de muchos de sus filmes del siglo XXI (escribo en enero de 2013). Los personajes son de clase alta, hablan de Tintoretto y psiquiatras y sólo les preocupa el Amor con mayúsculas. Y se hospedan en hoteles de lujo de París y Venecia, escala en Nueva York. Y yo pienso en el último Chaplin, por alguna razón.

A mí me gusta mucho este Allen superficial y algo kitsch, enamorado y risueño: me pone muy contento a través del ingenio verbal, una distinguida puesta en escena y unos bailes espumosos. 

¿Y qué decir del homenaje a los hermanos Marx? Una gozada.