ALLEN Woody (1935-_)

Sweet & Lowdown (Acordes y desacuerdos) (1999: 9.0)

Un músico ingenuo y egocéntrico cuya máxima aspiración es encaramarse sobre una luna de cartón y tocar allí la guitarra. Ante un público rendido. Aunque la luna se desmorone sobre el escenario.

Un guitarrista de jazz obsesionado con Django Reinhardt, el único que lo supera en talento. Un guitarrista de jazz que llora como un niño cuando escucha las piezas de ese gitano de Francia, como él lo llama.

Un Sean Penn extraordinario, a bordo de un personaje obstinado y dulce cuya afición principal es matar ratas con una pistola. Moscas a cañonazos.

Un hombre juerguista y jugador de billar, un buscavidas como el de la maravillosa película de Rossen y Newman.

Este hombre, Emmet Ray, se enamora sin darse cuenta de la frágil y muda Hattie (Samantha Morton), y terminará lamentándolo rompiendo su guitarra contra un árbol. Casi siempre es tarde cuando la dicha ha sido buena.

Acuerdos y desacuerdos es una de esas películas que nos regala de vez en cuando Woody Allen (y pocos más) donde se funde lo ligero y lo profundo de manera incomprensible. Nada más dificultoso que esto: divertirnos con una historia deliciosa mientras se nos va cambiando al ánimo a ritmo de jazz y mientras pensamos en el sentido de la vida, en la felicidad y el paso del tiempo. Ni un segundo para el aburrimiento (hoy, febrero de 2013). 

Apasionante y romántico Woody. 

Y paradójico: con la verborrea que suele haber en sus películas, resulta que Acordes y desacuerdos (y pese a su maravillosa música) puede verse y entenderse a la perfección quitando el volumen. Más de diez años antes que The Artist, Sweet & Lowdown tiene algo (ritmo, gestos, planificación) de película muda.