FRANCYS Joé (?)

La revue des revues (La locura de París) (1927: 4.0)

Joé Francys, o Joe Francis, fue el discreto realizador de La locura de París, publicidad parisina con banda sonora añadida en 2005 (cuando fue restaurada), una película que empieza, en la línea de obras (diversas en sus propósitos) de los años veinte como Berlín: sinfonía de una ciudad (Ruttmann) o El hombre con la cámara (Vertov), como presentación y captura del epítome de la ciudad moderna del siglo XX, época además de futurismos y demás vanguardias, cuando los adelantos técnicos, el llamado progreso, la vida urbana con prisas y sin desmayo, y  los trabajos ya estresantes para la burguesía y esclavizantes para el proletariado alcanzaron de pronto un enorme prestigio: la modernidad occidental en su iniciático apogeo.

Tras esa presentación, La revue des revues se dedica a los números musicales, que no oímos (es cine mudo), nos quedamos con la banda sonora “actual” que lo aplasta todo sin distinción. Esos números, por cierto, están coloreados, siguiendo (según leo en la contraportada del estuche del DVD de La locura de París) “el innovador sistema Pathe Color”, horroroso visto hoy. Aparte de las diversas actuaciones en los escenarios de París (en la onda del Moulin Rouge, etc.), hay una mínima historia convencional del “star is born”, la chica más o menos decente que, en la gran ciudad, desea triunfar a toda costa, y que se enamorará de un apuesto hombre que se dispone a ayudarla y otras cositas. Sin gran interés.

Eso sí, llama la atención la poca ropa que llevan las chicas que aparecen en el escenario, se disfruta la galería de piernas femeninas sincronizadas, aunque a veces incluso vemos más que meramente unas piernas, algún pecho se deja asomar, esos felices años veinte…

La revue des revues repara también, a breves ratos, en los ensayos, entresijos y nerviosismo típico de “behind the scenes”, ay qué pereza, Chicago y films así.

¿Y dónde está la mítica Joséphine Baker, nacida en los Estados Unidos como Freda Josephine McDonald, estrella en París del Folies-Bergère? Me la anuncian pero no la veo…

La locura de París, se supone, era y es un espectáculo para hombres donde predominan, además de las piernas y los cuerpos bonitos de las artistas de Revista, la frivolidad, la alegría y la sensualidad; parece un tiempo divertido aunque los números estén, en contrapunto casi moral, organizados con un altísimo grado de simetría, acaso por influencia directa de las corrientes artísticas más cuadriculadas del momento. La película no deja de ser, durante muchos minutos, una mera filmación del escenario, de los shows (hay tangos, sevillanas, baile egipcio, etc.) que allí se suceden, publicidad (como ya escribimos) para París; qué bien hacer turismo en París, las chicas con talento pueden hacerse allí estrellas… Etcétera.

Ah, pero aquí está, en escena irrumpe la negrita Joséphine Baker, finalmente, tan jovencita (20 o 21 años, entonces), graciosa como nuestra Lina Morgan pero muy atractiva, qué muecas hace, qué gracia y agilidad. Combina, la Baker, su perfil golfo con un carácter fiestero y cómico al que es difícil resistirse. Para qué resistirse, en todo caso.

En fin. Acaba La locura de París, donde la Baker es casi lo único que merece la pena verse; y dejo puesta la televisión y, sin previo aviso, me topo con el inicio de una película (canal 8 de Madrid, creo) del insigne Joe D’Amato… Para diez minutos, está bien…

Y luego pongo el cortometraje, también incluido en el mismo DVD, llamado “Un bombero ardiente”, que mezcla de manera original arrebatos oníricos, eróticos y cómicos, muy del gusto del primer Buñuel con Dalí. Y vuelve a parecer Joséphine Baker, qué espectáculo, cómo baila invencible, qué gracia, maravillosa chica. En el corto aparecen mujeres desnudas: qué liberales eran estos tipos en los años veinte: al pobre bombero de la historia se le multiplican las chicas sin ropa, las ve por todas partes, qué imaginación, incluso en el autobús un sacerdote que se sienta a su lado se convierte en una mujer desnuda a ojos del bombero, oh blasfemia imponente de 1927, seguro que le encantaría a nuestro Fernando Savater…

Acaba “El bombero ardiente”, vuelvo a la televisión, sigue el film de Joe D’Amato por idéntico carril (pajares, felaciones, penetraciones) y, como diría poéticamente el premio Cervantes Antonio Gamoneda, aquí, chato, sí que arden las pérdidas.