ANDERSON Paul Thomas (1970-_)

The Master (The Master) (2012: 7.0)

George Orwell, en Down and Out in Paris and London (1933), escribe sobre Bozo, un artista callejero que acaba de conocer en las calles de Londres, que era un tipo “que parecía haber leído buenos libros pero que no se había preocupado en corregir su gramática” (mi traducción).

Manuel Yañez Murillo, en Fotogramas, refiriéndose a The Master, habla de “vagabundeo narrativo por los recodos más oscuros de la psique”.

Ambas citas son pertinentes. La gramática de Paul Thomas Anderson, o es clamorosamente imperfecta o es tan pulimentada y libre que está más allá de las reglas convencionales. 

No sé: a mí ese vagabundeo narrativo resultante me sorprende, despista y desalienta sin llegar al asombro o la fascinación.

El ambicioso Anderson y su disección de dos paradigmas humanos (americanos, masculinos): el manipulador carismático y talentoso y el torturado conejillo de indias. The Master es acaso metáfora de muchas cosas: hay psicología, sociología, política, filosofía y tontería. Y está el poder de las sectas. 

Los actores, Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffman, están en una dimensión superior, sobre todo el primero, que conmueve y asusta. 

The Master, vista en marzo de 2013, es una experiencia sensorial e intelectual tan rara como cualquier Kubrick. Una narración sin orden ortodoxo y cuyas escenas empiezan con planos estrafalarios y se desarrollan en función de vaivenes cerebrales y conexiones emocionales que sólo comprende cabalmente Paul Thomas Anderson. ¿Cuál es su secta?