FRASER Harry (1889-1974)

Randy Rides Alone (Randy cabalga solo) (1934: 5.5)

¿Porque Randy cabalga solo?

Seguramente porque es un forajido o un cowboy, o eso parece. Pero no: trabaja para el gobierno e investiga sus cositas. Digamos que es un detective en aquel mundo del Oeste, aunque se ha de hacer pasar por tipo duro e incierto, con el fin de llevar su labor a buen puerto. Randy es John Wayne. Sin palabras.

También nos encontramos con un mal tipo, George “Gabby” Hayes, que interpreta dos papeles, para disimular y sacar beneficios (el personaje, no el actor Hayes). Y con la mujer, Alberta Vaughn, espía desde detrás de una pared, utilizando para ello un cuadro con huecos en los ojos.

Abunda la sospecha, en este tipo de western: unos personajes observan a otros, o merodean o suplantan otras personalidades. Es un subgénero dentro del western, que podría denominarse “de la sospecha” o hasta de la paranoia. Me viene a la memoria The Restless Breed, película tardía  de A. Dwan, como paradigma de esta especie. O, sin ir más lejos, algunos filmes también producidos por Lone Star, protagonizados por Wayne y dirigidos por R. N. Bradbury (The Star Packer, Riders of Destiny), y que comparten la música de charanga de W. Barber (tan aprovechada, para la sentida parodia, por Reiner en La princesa prometida: uno de los pocos que le han sabido sacar real sustancia, presencia y homenaje al cine rústico post-mudo).

¿Qué más escribir sobre Randy cabalga solo? Pues que (en marzo de 2007) en la poderosa Internet Movie Data Base, esta obra aparecía, con 221 votos, como la película más votada de las que dirigiera el amigo Harry Fraser, lo cual no se sabe si es significativo o es una irrelevancia supina. En todo caso, en el apartado de calificaciones, Randy Rides Alone descendía a un cuarto puesto (nota de 5.66, frente a un 5.83 de la película mejor valorada de Fraser). Aunque, en fin, para los aficionados a la impresionante IMDB (los que votan) también Moulin Rouge (no la de Huston) es superior a Dos cabalgan juntos, así que tampoco hace falta elevar ese sitio Web a las cumbres de la profundidad y el aliento y el rigor y el temple.

Pero, en resumen, escribamos que gentes como Fraser o el citado Bradbury, pese a manejar ya rudimentariamente las técnicas y habilidades de su quehacer, aún andaban construyendo y perfeccionando este oficio del siglo XX. Pues en el XXI, según Juan Cueto, somos antiguos todos aquellos que no nos inyectamos en vena las obligatorias series americanas de médicos, policías y anestesistas, en el “ipod”, el portátil y el móvil. Download me!

En cuanto al catálogo de imperfecciones o arrugas en este cine, es divertido comprobar cómo algunas transiciones entre unos lugares y otros son crípticas y están mal avenidas, cómo por unos segundos perdemos la perspectiva y se nos traspapelan los personajes.

Pero, por otro lado, este cine cumplía ampliamente con su cometido. Era un cine ya implantado y consolidado como industria, no muy diferente de una fábrica de salchichas o de tebeos, una fórmula aplicada en cadena a productos de 55 minutos.

55 minutos que a mí me distraen la comida. Sonrío y me absorbo.

¡Amigo Randy, muchas gracias! ¡Nunca cabalgarás solo!