DUMONT Bruno (1958-_)

L'humanité (La humanidad) (1999: 8.5)

Aunque no me gusta su presuntuoso título, de La humanidad me gusta casi todo lo demás.

Sobre todo, lo apenas verbalizable: un componente bruto, resistente, inquietante, esencial y tristísimo que caracteriza el cine del francés Bruno Dumont.

El cine de Dumont es libre y peligroso. Sobre él gravita una rara incomodidad. Toca fibras sensibles que lo asemejan a obras de Haneke, Polanski, Bong Joon-ho (imposible no acordarse de Memories of Murder) o Seidl. Pero el cine de Dumont es otra cosa: un realismo trastornado que avanza sin prisa ni objetivo y que se desarrolla en la Francia profunda del norte y cuyos rasgos principales son la urgencia sexual, la turbación moral, la contemplación de la naturaleza, el extrañamiento vital, la simpleza argumental y la desnudez dramática. Apenas se nos dan informaciones sobre causas y consecuencias.

Esta Francia no era una fiesta, ni cine social, ni nueva ola, ni qualité, ni grandilocuencia de violines y gente guapa.

Es un cine misterioso que indaga en el monstruo que llevamos dentro y el voyeur que llevamos fuera.

Qué decir de unos personajes que parecen ajenos a los libros, la educación, la felicidad, el erotismo, la cultura, la sensibilidad. Personajes veraces y voraces, auténticos pero extraños, sobre todo el héroe de L’humanité, un detective que parece retrasado mental (y acaso gay reprimido), y que se llama nada menos que Pharaon de Winter (el no-actor Emmanuel Schotté). Vaya descubrimiento. 

Bárbaro cine que veo, entre el asombro, la confusión y el espanto, en marzo de 2013, y de nuevo gracias a www.filmin.es.