HORNE James W. (1881-1942)

College (El colegial) (1927: 9.0)

Buster Keaton vestido de jugador de béisbol: como un gallego en la Luna.

El colegial es una obra irresistible del cine mudo. 

Vehículo de lucimiento de Buster Keaton. ¡Y cómo se luce! A su manera impávida, como si le importase todo un cuerno. Como si, tranquilamente, desconfiara de todos los que le rodean y no esperase nada bueno del mundo.

Maravillosa obra en torno a la educación, el amor y el deporte. Del personaje de Keaton se mofan por ser inteligente, estudiar y leer libros. Lo que se espera de él es que destaque en algún deporte. Ya se sabe: el tradicional desprecio de la actividad intelectual. Lo que ahora es el botellón para los españolitos, entonces era el atletismo para los americanos: la prioridad del universitario.

Vemos a un Buster Keaton enamorado. ¡Y cómo corre en la escena final, saltando por encima de setos y lanzando pértigas, para salvar a su enamorada del bruto que la ha encerrado! Nuestro antihéroe, del que antes se reían porque era un torpe, corre ahí como Jesse Owens.

Y cómo salva a su chica.

Y, de pronto, se han casado (¿Benigni en La vida es bella?).

Y, juntos, se hacen viejos.

Y se mueren: vemos sus tumbas.

Una de las más conmovedoras sucesiones de planos que he visto. Planos tan breves y elipsis tan dulces como dolorosas: así es la vida, un suspiro feroz. Nos la cuenta Buster Keaton (dirigido por James W. Horne) de manera simple, atractiva y precisa, sin darse importancia.

Qué divertida, también, es El colegial: todas las escenas en las que Keaton juega al béisbol, hace el salto de longitud, corre, salta vallas, lanza pesos, salta con pértiga, se hace remero. Un sinfín de desastres que nos hacen reír porque comprendemos por quién lo hace: por su chica y por nosotros, sus espectadores de cualquier época (también en abril de 2013).

Pero, sobre todo, lo hace por amor; y no al arte, sino a una mujer. La vida va primero. 

College es una delicia.