BUÑUEL Luis (1900-1983)

Belle de jour (Bella de día) (1967: 9.0)

La joven Catherine Deneuve, tras la Repulsión que le propinó Polanski, fue Bella de día con Buñuel.

De día, decimos. Porque por la noche la imaginábamos rígida, sexy y frígida, sudando la gota fría bajo pesadas mantas.

Qué malvado, don Luis Buñuel. Un genio como pocos en la historia del séptimo arte.

Entre el surrealismo y la captación de la realidad sociocultural más próxima, el director español acertó de nuevo, como casi siempre. La historia de la joven insatisfecha que ansía, secretamente, una existencia más movida (y perversa) es un lujo para aficionados al cine de cualquier lugar o época.

Belle de jour, me reafirmo (abril, 2013), no contiene ni un solo gramo de grasa, ornamentación, ingenuidad o idealismo. Es una obra sarcástica, distinguida y terrible en torno a la infelicidad, los sueños y los deseos apenas verbalizados. 

Donde en Berlanga hay algarabía, miseria y desplante, en Buñuel hay introspección, burguesía y evasión. Tan lejos y tan cerca: en ambos hay mucha mala leche. Pero la mala leche de Buñuel es menos evidente, más distante; está camuflada en superficies de normalidad más o menos estable.

Belle de jour podría exhibirse en un magnífico cartel junto con Repulsión y Tristana, Vértigo y Marnie. Rubias que sufren y hacen sufrir. Que sueñan y hacen soñar.