HITCHCOCK Alfred (1899-1980)

Strangers on a Train (Extraños en un tren) (1951: 9.0)

1-Una idea estimulante y maquiavélica, servida por Patricia Highsmith y Raymond Chandler.

2-Un Hitchcock en plena forma, no en su época de mayor brillantez (que aún estaba por venir) pero sí dotando a sus películas de una febril intensidad. 

3-Hay gotas argumentales, morales y dramáticas de El tercer hombre en Extraños en un tren. Sin duda.

4-Un actor extraordinario, Robert Walker, que murió tras la película, con tan sólo 32 años. Su personaje, el cínico, traumatizado y nihilista Bruno, es inolvidable.

5-Malvado y lúcido, don Alfred Hitchock. Nunca se engañó respecto de la naturaleza humana. Siempre sospechó (y “sospecha” es un término clave en su cine) que nadie era puro ni perfecto, que todos teníamos nuestros intereses, debilidades, secretos y pensamientos mortales. 

6-Su individualismo, tan anglosajón, implicaba una fe en lo que cada persona puede hacer por sí misma y por los demás (lo dijo la radical Thatcher: no existe la sociedad, sólo los individuos y familias), más allá de conspiraciones y colectivos. Sus falsos culpables, como sus culpables auténticos con cara de ángel, saben que casi siempre está en su mano hacer esto o aquello. La libertad de elegir: por muy complicada que parezcan las tramas (y lo son).

7-Se detecta un elemento algo maniqueo en Extraños en un tren: el componente extraño, malvado, incluso irracional (la irracionalidad es casi siempre el malo de la película en Hitchcock), aquí encarnado por Robert Walker. Otras veces fueron los pájaros, el comunismo, una mansión gótica, un complejo psiquiátrico o una ambición totalitaria. Son los malvados de Hitchcock, tocados mentalmente por Marx o por Freud. Frente a estos entes negativos, el individuo positivo, el héroe o heroína (aquí interpretados por Farley Granger y Ruth Roman), ha de ser fuerte y valiente, no rendirse, luchar contra su condición de falso culpable o de señalado por el azar.

8-También, por cierto, el individuo positivo se enamorará, incluso románticamente. El punto débil del temible Hitchcock.