BARDEM Juan Antonio (1922-2002)

Muerte de un ciclista (Muerte de un ciclista) (1955: 8.0)

Película tensa y anudada mediante bruscas transiciones, Muerte de un ciclista fue el buque insignia del cine incómodo y crítico con el Régimen Franquista de Juan Antonio Bardem.

Bardem elabora su película yendo al grano desde el primer minuto, sin dejar ni un solo minuto para la relajación, lo secundario o la espontaneidad. Todo está atado y bien atado en Muerte de un ciclista. Su crispación ambiental me recuerda a la de películas de Elia Kazan de aquellos años como Un tranvía llamado deseo o La ley del silencio. Su utilización dramática de los espacios concuerda con el primer Antonioni (Crónica de un amor, Las amigas). Añadamos trazos expresionistas (¿influencia alemana?) y unos primeros planos (¿soviéticos?) que buscan realzar el cariz simbólico del conjunto (la culpa, la ambición, la insatisfacción, el miedo, el autoritarismo).

Bardem busca resquicios argumentales por los que mostrar su oposición a la dictadura: el contraste entre la familia del muerto (clase humilde) y los que lo matan (alta burguesía); las protestas en la universidad (por un tema menor: el suspenso de una chica); las cínicas aseveraciones del personaje que interpreta Carlos Casaravilla; la hipocresía generalizada.

Una guapísima Lucía Bosé y el gran Alberto Closas forman la pareja atrapada entre el miedo a perderlo todo y los remordimientos (más en él que en su lady Macbeth). La película, intensa, paradigmática y espléndida, funciona incluso mejor como metáfora subversiva que como tragedia humana (mayo, 2013).